Cuando tenía tan sólo 19 años me mudé con él para escapar de mi casa y de mi situación económica.

Pasaron los años y tuvimos un hijo. Junto al bebé llegaron también mis ganas de separarme y de estudiar ya que no quería vivir toda la vida como un ama de casa.

Él siempre me dejó en claro que mi trabajo en casa era pésimo. Yo hacía todo lo que podía y encima, por las noches, trataba de complacerlo. De a poco, dejé de tener ganas de tenerlo cerca y empecé a dormir junto a mi bebé para de algún modo, escaparme.

Cada vez que mencionaba mis ganas de estudiar, se ponía como loco. Si bien jamás me golpeó, recibí muchísimos insultos, opresión, violencia verbal y psicológica. En ese momento yo no era capaz de descifrar. Así me convertí en nada, me sentía una inútil y una fracasada que dependía de él para absolutamente todo.

Todavía no me animé a dejarlo porque no quiero volver a la pobreza en la que vivía antes, además nunca no me permitió estudiar y no tengo recursos para mantenernos.

El día a día es una pesadilla lenta y agónica, en silencio busco la forma de salir y me pregunto si estudiar a escondidas me permitirá llegar a algo.

No tengo a quien pedir amor, ni ayuda…

 

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