Arriesgue todo, completamente todo por ingresar a la universidad, cambiar mis malos hábitos y disciplinarme. Pero vi en ambos un nivel similar de decadencia y todo se arruinó.

Si bien el amor no fue algo que nos caracterizó en los primeros meses, a partir del 3ero todo fue nuevo e increíble para mí. Todavía recuerdo aquella vez en que planeamos cómo viviríamos juntos, cerca de la universidad. Fuimos dos personas que durante dos años se amaron profundamente y también se destruyeron.

Prometimos cambiar una y otra vez, pero nunca con la sinceridad y el compromiso necesario. Desde el primer golpe que te di, desde la primera vez que quisiste ahorcarme, desde la primera vez que me dijiste “perra” y desde la primera vez que te propuse terminar porque realmente tenía miedo…

Justo cuando comenzaste un nuevo trabajo, comencé a prepararme. Aquellos meses fueron de los más traumáticos de mi vida ¿Recuerdas por qué? Porque el conocer nuevas amigas te emocionó tanto que olvidaste que yo también existía, dejaste de llamarme y hasta te olvidabas de mi cuando íbamos a vernos. Todavía recuerdo esa vez, cuando fui contigo a la universidad y te propuse recostarnos en el pasto. Me dijiste que tenías que ir a la biblioteca, y simplemente desapareciste.

“Ya no te voy a ver seguido. Quizás sea una vez a la semana, si no te gusta pues no es mi problema”, dijiste. Ya no existía ningún detalle entre nosotros, me habías dejado de lado y parecías ser otra persona.

Mientras tanto yo lloraba pidiendo que vuelvas a ser quien eras, intentaba llamarte y esperarte cada vez que salías de la biblioteca. Muchas de esas veces terminaste conmigo, aseguraste que no me amabas y que jamás ibas a cambiar de opinión. Nunca me diste explicaciones, pero, a pesar de ello, siempre confié en ti.

Tampoco te bastó cuando quedé embarazada por primera vez, sólo te dedicaste a buscar a otras mujeres. Cuando volvió a ocurrir, solo aparecías para maltratarme.

En una ocasión me dio fiebre dos días seguidos, con lo que ello implicaba en mi estado, y fuiste a verme una vez que se me había pasado el malestar porque, al fin y al cabo, “era mi culpa por haberme embarazado”. Siempre decías que sólo me veías para apoyarme con el niño y que en realidad no deseabas verme.

Un día fui a tu casa a buscarte, pero solo estaba tu madre. Ella me preguntó qué ocurría y le conté todo. Muy avergonzada por las cosas que hacías, me preguntó cómo era que yo aguantaba tanto de ti. “No lo sé”, respondí. En ese momento llegaste y me echaste al grito de “¡¿Qué haces aquí?!”. Fue una situación horrible en la que yo sólo buscaba conversar. Cuando te calmaste, fuimos a tu cuarto para tratar de arreglarlo, pero sólo te dedicaste a decirme cosas espantosas. Por último, intentaste besarme y me fui.

Nunca nada bastó para ti, ni mis intentos de suicidio, ni mis ruegos, ni mis penosas palabras. Hoy recuerdo todo con tanta nitidez que me provoca un dolor insoportable.

Después de tanto dolor, me hospitalizaron y me tranquilicé. Quería volver a estudiar y me di cuenta que me estabas matando, también que mis sueños se acababan y mi vida también.

No quiero citar aquí todo lo que hiciste porque en estos meses me he esforzado tanto en olvidar que me parecería una falta de respeto a mis logros. Estoy por fin desterrándote de mi vida, porque tú eres todo lo que me frena y todo lo que quita las ganas de seguir adelante. Siempre fuiste la luz que logró encender por primera vez eso llamado amor, pero sólo eras un monstruo que entró camuflándose así para destruirme.

Un día decidiste volver, hace unos meses. Aunque quise, no pude confiar en que habías cambiado.

Decidí ser mejor, decidí querer vivir y digamos que estoy viviendo. Es difícil, a veces me frustra saber que no lo logramos, pero valoro más mi vida y no quiero un asesino a mi lado.

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