Es horrible lo que se siente cuando alguien habla de la violación porque en lo único que puedo pensar es en la cara de aquel hombre…

Mi papá falleció en 2010 y, aunque esto suene mal, no me arrepiento de que haya pasado, ya que soporté toda mi infancia las peleas con mi mamá. En varias ocasiones mis hermanos mayores debían interferir porque él la sacaba de sus casillas. Por las mañanas, era habitual oír ruidos de sartenes u ollas volando por el aire y miles de insultos. Con mis hermanos llegamos a oír hasta conversaciones con su amante cuando mi mamá no estaba.

También tuve ciertas situaciones violentas con mis hermanos, una vez uno de ellos casi me apuñala. Así que entenderán por qué les tengo un poco de rencor a los hombres.

Actualmente tengo 15 años. A los 12, en séptimo de primaria, tenía una amiga que vivía cerca de mi casa, así que comencé a ir frecuentemente. El primer día su papá me cayó súper buen, el segundo también, y el tercero cambio mi forma de verlo para siempre.

Eran las 5 de la tarde y me dirigí a su casa como ya era costumbre. Cuando llegué mi amiga y su mamá habían ido a comprar unas cosas y el papá me convenció de esperarlas tomando unos mates mientras su hermanito jugaba en la plaza de en frente. Estábamos hablando de la escuela y me preguntó si tenía novio, cuando le dije que sí comenzó a hacerme preguntas sobre mi intimidad: sí tenía relaciones, si me cuidaba y cosas por el estilo. Yo, para hacerme la canchera, le dije todo que sí. En ese momento me preguntó si quería cerveza, la verdad es que no sé por qué accedí. Me sirvió un vaso y a casi la mitad ya me encontraba mareada (cabe aclarar que nunca había tomado alcohol). “¿No tenes frío con ese short tan cortito?”, me dijo. Sólo con ver su mirada se me hizo un nudo en la garganta. El hombre se levantó y cerró la puerta con llave, a mí solo se me cruzaba por la cabeza irme de ahí.

Me ofreció más cerveza, pero me negué, insistió a los gritos hasta que le dije que sí. Tomó la cerveza y se situó contra mi silla, apoyando sus genitales casi en mi hombro. Cuando noté esto le dije que me tenía que ir, pero me empujó y se sentó a mi lado. “Uy, disculpa, casi me caigo. Ya viene Gaby, esperala acá, no me dejes solito”, me dijo.

Lo siguiente que hizo fue tomar mi cara e intentar besarme, comencé a llorar mientras él me tapaba la boca a la fuerza y me llevaba a su habitación. Cuando llegamos me tiró en la cama y me empezó a tocar. Era un hombre físicamente grande, de unos 40 años, tenía demasiada fuerza como para luchar con él. Además, divisé un arma en la mesa de luz, así que me quedé quieta pensando en cómo escapar y rogando que el hermanito de mi amiga vuelva de la plaza e interrumpa la situación. Entonces sucedió, comenzó a sonar mi celular. Cuando él lo escuchó me tomó muy fuerte de la cara y me amenazó con matarme si decía algo. Atinó a tomar mi celular, así que aproveché y salí corriendo del cuarto. Él salió detrás de mí y me agarró del brazo, pero logré soltarme. Abrí la puerta de la casa y comencé a correr sin parar. Dejé mi mochila, mis útiles y todo lo que había llevado conmigo, no me importaba, nada sólo deseaba huir.

Cuando llegué a mi casa fui directo al baño, me lavé la cara y lo único que pensaba era en decírselo o no a mi mamá. Pensaba que se pondría como loca e iría a buscarlo, me daba miedo que ese pervertido le hiciera algo a ella, así que me callé.

Pronto en mi casa comenzaron a notarme rara, estaba cayada y muy decaída. No salí en todo el fin de semana, así que, al segundo día, me encararon y confesé. Cuando lo conté, mi hermano mayor comenzó a llorar mientras golpeaba la pared totalmente desencajado, mi mamá se mantenía en silencio, pero veía las lágrimas cayendo sobre su rostro.

El día de mi graduación mi mamá lo encaró y le dijo de todo, mis hermanos tuvieron que sacarla porque estaba creando un gran escándalo. Al día siguiente, mi amiga, la hija del depravado, fue a mi casa y le dijo a mi familia que yo me drogaba y otra sarta de mientas. Obviamente mi mamá me creyó a mí y dispuso una denuncia contra aquel hombre y su familia.

Las semanas pasaban y yo tenía cada vez más miedo de salir. Un día me lo crucé, iba sola y él pasó con su auto. En el medio de la calle desarmé en llanto y corrí hasta mi casa. Por suerte ya no me lo cruzo y también dejé de tener contacto con mi amiga.

Gracias a esto, hoy en día, tengo algo de odio hacia los hombres. Gané un carácter muy fuerte y ya no me guardo nada, me hago respetar como mujer y como persona. Pero por sobre todo, y gracias a mi mamá, aprendí a no temerle a los hombres y a enfrentarlos sin tambalear.

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