No tuve tan malas experiencias en la vida hasta que cumplí los 18. Llevaba 2 años de novia con un chico no más grande que yo. No me acuerdo mucho de esos 4 años, fue como que en esa etapa de mi vida fui bloqueado las cosas malas. Y ahora, sólo me acuerdo de dos cosas concretas, como que justo en la mitad de la relación, en el día que cumplimos dos años de novios, me falto el respeto por primera vez. Me dijo “puta”, y me tiro un billete de dos pesos a modo de “broma”. No recuerdo mucho más, sólo el día que mis papas terminaron la relación porque me había pegado una piña, y me rompió la nariz.

Vuelvo a repetir, no recuerdo mucho, ni siquiera del dolor del golpe. Sólo sé que estaba en la vereda de casa y que grité tan fuerte que salieron hasta los vecinos, también tengo imágenes mías con la remera llena de sangre y sin poder respirar bien.

Digo que mis papas terminaron la relación porque fueron ellos los que hicieron una denuncia, y a la semana la madre de mi ex vino a mi casa para decir que yo lo sacaba de las casillas, que su hijo era un angelito y no era violento.

Mi papá estaba realmente furioso y me llevó a vivir a Buenos Aires unos meses. Pero tuve que volver a Misiones cuando me enteré que él había ido a Buenos Aires a buscarme. Mis papás pensaron que sería mejor sí me quedaba cerca de la familia, y aceptó que vuelva.

Dos años después de eso y de mucha terapia, con este tema superado, ya sin miedo y con más confianza, empecé a conocer a un amigo de mi hermano.

El chico era el más dulce del mundo, pero tenía un defecto, era súper inseguro consigo mismo. Pero a mí no me importaba demasiado porque estaba muy segura de que me gustaba lo suficiente como para arriesgarme a confiar. Que error.

Nos pusimos de novios al mes de conocernos, y juro que, hasta el día de ayer, no me había dado cuenta que tan enfermo estaba. Ni el, ni yo. Es gracioso como todos los maltratadores  tienen el mismo modus operandi y no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta. Empezó controlando mis horarios, mis amistades y hasta lo que hablaba con mi familia. En ningún momento me levantó la mano, pero hubiera preferido una piña, como la anterior, antes de que me manipulara como lo hizo.

Debajo de aquella coraza de novio bueno, ilustre, que te hacía pensar que iba a ir a la guerra antes de permitir que te pase algo, estaba el cagón. El que dudaba de todo sin motivos, que tenía miedo de que seas tan rápida que cuando él se diera vuelta, te fueras con otro. Aunque ese otro fuera alguien de tu propia familia.

Como todo manipulador, necesitaba dejarme sola. Me alejó de todos a tal punto que solo dependía de él.

Un día decidió que no quería estar más conmigo y que yo no era la mina de la que se había enamorado, que era una acomplejada y una inútil, y que por eso me había ido tan mal en la anterior relación. Me dijo que merecía que me pegaran, y me dejó. Hoy lo agradezco, pero en el momento me mató. Me había hecho creer que él era lo único bueno que tenía y ahora me estaba dejando…

Me borró de todos lados y yo lo perseguía cual ninja, llegué a esperarlo afuera de su casa para verlo, porque no me atendía el teléfono.  Un día afuera de su casa, llamé a una amiga para que me vaya a buscar porque él no atendía y yo sentía que me iba a desmayar. Ver la cara de mi amiga cuando me vio sentada en el cordón de la vereda fue horrible. Pero también fue un tic.

¿Qué estaba haciendo con mi vida? ¿Por qué permitía que me traten como basura? Lloré todo un día.  Pero no por él, sino por mí y por todo el daño que me estaba haciendo. Estaba ciega y hacía cosas que jamás pensé que haría. Yo no era esa chica, y me dolía ver que una persona que no me quería estaba logrando semejante cambio en mí.

Fue eso lo que me hizo alejarme, y agradezco que me hubiera dejado, porque yo no hubiera tenido la fuerza de hacerlo. Dejé de escribirle, de buscarlo y lo borré de todos lados, pero dos días duró la indiferencia.

Me quedé unas semanas en lo de una amiga porque sabía que me iba a buscar. Fue entonces que empezó a decir que era una puta y que seguro ya había encontrado otro macho con quien revolcarme.

Hace dos semanas retomé terapia y entendí su arma, con la cual hacia que me doblegara de rodillas ante el: la culpa. Me hacía sentir culpable por cosas que no tendría que sentir culpa, o sea, salir con amigas, grupos de estudio, viajes familiares, hacer deportes, tener privacidad, momentos de soledad. Victimizarse era lo que hacía que todo el tiempo quisiera reconfortarlo, que quisiera arreglar algo para que este mejor. Se aprovechaba de eso.

Me di cuenta en este mes que no estoy “curada”, que necesito mucha contención para volver a estar bien.  Mis únicas dos relaciones fueron unos fracasos, pero no quiere decir que no tenga mucho para dar todavía. Tengo algunos amigos de verdad, que nunca me dieron la espalda ni cuando yo los dejé de lado, tengo una familia amorosa que da todo por mí y una carrera por delante. Eran cosas que ninguno de mis dos ex novios tenían, cosas que yo quise compartir, pero generaron envidia y no supieron cómo manejarlo.

Espero que este sea el fin, que nunca más tenga que verme a mí misma manchada de sangre, o tirada en un cordón de una vereda. Valgo más que eso.

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