No recuerdo la conversación entera, pero sí recuerdo que me dijiste que a las mujeres hay que ponerlas en orden. Y yo me reí, la dejé pasar como dejé pasar muchas otras veces porque simplemente lo creía normal, creía que las parejas pasaban por esas situaciones. Vos mismo lo decías: “Todos los novios se pelean y se celan”. Sí, todos los novios se pelean y se celan, pero no así. Yo me creía tus engaños y te perdonaba porque te quería, y no quería perderte porque siempre estabas ahí para mí, sin que te llamara vos aparecías, y eso me parecía súper tierno.

Pero los celos se hacían cada vez más frecuentes, y los dejaba pasar porque me hacías sentir tan culpable. Cuando nos imaginábamos un futuro juntos, no querías que yo trabajara porque tendría colegas. También te enojabas conmigo porque pasaba el rato con mis compañeros de clase, fue así que renunciaste a tu trabajo para poder estar siempre conmigo.

De a poco, todas esas cosas me fueron agobiando, pero aun así no quería perderte. Por momentos anhelaba dejarte ir, y cuando te lo decía, me insultabas, haciéndome sentir peor. Cada vez que lo recuerdo, se me caen las lágrimas del dolor.

Ya no tenía amigos porque de a poco me fui alejando de todos, ya ni salía con mis amigas. Vivía triste por culpa de tus insultos.

Aquella noche estábamos en tu cuarto y te quise dejar. Me quería ir, pero me sacaste la campera a la fuerza y me tiraste sobre tu cama. Te dije que si me hacías algo le gritaría a tu madre, y así todo cesó. A los pocos días me regalaste una rosa azul y me llevaste a comer, así que te perdoné.

Yo ya no quería tener relaciones con vos, pero si no te complacía, me besabas a la fuerza y hacías de mi lo que querías. Solía llegar a mi casa llorando, sintiéndome completamente sola porque no tenía a nadie para contárselo. También sentía vergüenza por tener miedo, no me animaba a contárselo a mis padres.

Pero decidí poner fin a todo lo que me hacías y no volver hacia atrás. Obvio que vos no quisiste y me amenazaste con golpearme. Así te bloqueé de todos lados, pero viniste a mi casa y no me quedó otra que perdonarte. Te desbloqueé de Facebook y por allí continuaste tus amenazas, querías que vuelva con vos, pero te mentí y te dije que tenía otro novio. Fue peor: “Voy a matarte porque sos mía”, dijiste . Me dijiste que no se me ocurriera andar con él a la calle porque terminaríamos mal, ambos. Por ello no salí en todo el verano, por miedo a que me hicieras daño.

Por suerte pude contarle todo a mis padres y me di cuenta de la persona que eras. Me fui a tiempo y me salve de que me hicieras cosas peores, pero conmigo quedó un dolor inmenso que hace que hoy tenga miedo de confiar en alguien.

Ya pasó más de un año desde la última vez que te vi, pero aun así el dolor no se va.

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