Desde que era muy pequeña vi a mi papá pegarle a mi mamá. Hasta perdió un bebé por culpa de él. Y es por eso que crecí en medio de divorcios dramáticos y reconciliaciones, que luego absorbí.

Mi papá era un tipo infiel que le gustaba salir los viernes con sus amigos del trabajo a tomar y a estar con otras mujeres. Mientras tanto, mi mamá y yo estábamos aguantando el hambre en casa.

Todo cambió cuando llegó mi hermano. Por fin éramos una familia, pero cuando cumplió 3 años, mi papá volvió a las mismas andanzas. Con 11 años era yo quien defendía a mi mamá, y hasta a veces, recibía los gritos y las quejas porque no había buena comida. El hombre exigía platillos dignos de un restaurante cuando ni siquiera dejaba dinero para comprar.

A mis 13, papá volvió a irse de casa. Fue ahí donde conocí a Nahuel.

Al principio fue todo muy bien, éramos dos personas que compartían historias similares (sólo que él nunca conoció a su papa). Pero luego de un tiempo, él cambió. Nahuel se veía con otras chicas, me ignoraba y jugaba con mis sentimientos. Claro que yo creía que de eso de trataba el amor porque no conocía otra cosa.

Por él crucé los límites de las drogas, me escapaba de mi casa, me cortaba e intenté quitarme la vida en varias oportunidades. También entré en el mundo de la bulimia, ya que Nahuel sostenía fervientemente que estaba gorda y que por eso salía con otras chicas y no conmigo.

Transcurrieron 3 años así. Él llegó al punto de insultarme porque yo era virgen y no me quise acostar con él. Me golpeó y me hizo sentir como una basura hasta que me di cuenta que estaba repitiendo la historia de mi mamá y decidí ponerle fin.

Pero con ese fin, comenzaron problemas mayores. Cuando traté de recuperarme de la bulimia, no podía. Mi estómago se había cerrado al punto de tolerar sólo la cantidad de comida que ingiere un niño de 5 años. Acompañado de eso, sufro de distimia y tengo baja autoestima. Cada vez que veo a una mujer delgada y alta siento la tentación de volver a vomitar.

Hoy tengo a mis amigos y a un hombre maravilloso que me han ayudado a salir de ciertas cosas, aunque aún sigo luchando por mi salud.

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