“No soy bonita ni atractiva, soy defectuosa”. Eso me hizo creer mi ex pareja, el padre de mis hijos. Me lo decía a pesar de haberle entregado mi niñez, porque eso era en aquellos momentos en que él se fijó en mí, una niña.

Me enamoró, me hizo sentir grande y capaz de enamorarme. Me enseñó a dar mi primer beso, a darnos de la mano. Y yo temblaba porque sabía que todo eso no estaba bien, besarlo me parecía demasiado a mi edad. Lo que siguió me atormenta aún más porque no debí hacerle caso, no era mi momento. Me asustaba mucho pensar que quizás podría estar embarazada. De a poco llegó la cruel violencia, y las violaciones. Me di cuenta tarde que no era el hombre que yo quería porque no me dio tiempo ni de soñar a mi príncipe.

Hoy soy madre de 4 hijos, dos de ellos ya son adultos y padres de unos hermosos bebés. Conmigo todavía viven los otros dos, de 10 y 12 años. Gracias a ellos he tratado de superar mi pasado y de dejar atrás todo lo malo. Aun así me frustra pensar en que me hagan daño o me ofendan. Que me dejen nuevamente por fea, por gorda, y sobre todo, por defectuosa.

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