Tenía 18 años cuando lo conocí, llevaba la sonrisa más linda que había visto hasta ese entonces.

Empezamos a salir a la semana de habernos dado nuestro primer beso y nos pusimos de novios a los dos meses de empezar a conocernos. Todo iba bien hasta que un día decidimos quedarnos en su casa en vez de salir. Nos pusimos a tomar algo mientras veíamos una película. Esa fue la primera vez que me agredió verbalmente, me dijo que era una puta por haber tenido otro novio antes de él y por no ser virgen. Recuerdo que me levanté de la cama, salí de su casa y me tome un remis. Él iba por atrás, persiguiendo al auto en su moto. Cuando llegué, me estaba esperando en la puerta de casa pero le dije que se vaya porque no era momento para discutir.

Al otro día volvió y le dije que no quería saber más nada de él. Llorando, me contó que le habían robado una parte de su moto y que su mamá lo había echado de su casa. Tuve que perdonarlo.

A los seis meses de relación, fuimos a cenar festejando el día de los enamorados. Ya terminando de comer una pizza, le pedí que fuéramos a un kiosco porque quería comprar cigarrillos. Entramos y me atiendó un muchacho muy amable, quien al terminar de comprar, me dijo: “muchas gracias por tu compra”. “Gracias a vos”, respondí respetuosamente mientras guardaba el paquete en mi cartera. Al parecer, eso fue suficiente para que Lucas, mi ex novio/agresor, desatara toda su ira en mí. Nos subimos a su moto y le dije que me llevara a casa porque quería evitar problemas. Él no me escuchó y me llevó a la suya.

Ya encerrados en su pieza, empezamos a discutir hasta que Lucas se levantó de su silla y me pegó un cabezazo. Peor no sólo eso le bastó, levantó la silla y me la tiró encima. Pareció ser que su mamá escuchó todo y lo obligó a abrir la puerta de la habitación. Para mi sorpresa, la señora no hizo más que sacarme del brazo mientas me decía que yo tenía la culpa por provocar a su hijo. Levanté mi bolso y me fui. Dos semanas después vino a buscarme de nuevo, esta vez con su mamá. Me pidieron disculpas y nos fuimos a pasar un día de campo con su familia a una villa veraniega cerca de mi ciudad natal.

Así pasamos varios meses, con peleas por me gusta en Facebook, por leer mensajes que me enviaba con mis amigos, por vestirme con transparencia o con vestimentas cortas, entre muchs cosas más. Él siempre reaccionaba con tiradas de pelo, piñas, cachetadas y hasta llegaba a asfixiarme con sus manos.

El día del amigo de 2012, él se fue a festejar con sus amigos. Como yo había dejado de juntarme con los míos, decidí quedarme durmiendo. Lucas se fue a las 22 de mi casa, asegurando que a las 3 am volvía para dormir conmigo. Yo me quedé despierta hasta las 4 am, esperándolo. Ya furiosa, le envíe un mensaje y le dije que me dormía y que no viniera a casa.

Cometí el gravísimo error de no ponerle llave a la puerta de entrada, pues mis hermanos habían salido y no tenían como entrar. Yo dormía cuando sentí que alguien me miraba. Y claro, ahí estaba, parado quien sabe cuanto tiempo, mirándome fijo. Rápidamente se abalanzó sobre mi y comenzó a ahorcarme mientras me repetía una y otra vez que él era quien mandaba en esta relación. Luego me levantó de la cama y me tiró contra la pared. Yo empecé a sangrar, pero no quería gritar porque estaba mi mamá durmiendo en el piso de arriba de mi casa. Estando en la escalera, a un paso de la puerta principal, le dije que no iba a irme e intenté cerrar la puerta. Pero su reflejo fue mas rápido que el mío y abrió la puerta otra vez. No me quedó otra que gritar. Mi mamá bajó las escaleras preguntando a los gritos qué pasaba. Él se asustó y se fue, lógicamente. Pero sin antes pegarme una piña que me causó un moretón en el ojo.

Al otro día sentía mucha vergüenza. Tenía el ojo morado, la nariz hinchada y el alma en pedazos. Me refugié en la habitación de mamá, de la cual no salí por 8 días. No quise hacerle denuncia porque sentía que lo perjudicaba.

En agosto de 2014 llegó el peor momento de mi vida: me enteré que estaba embarazada de nueve semanas y tuve que contárselo. Lucas comenzó a acusarme de hacerlo a propósito para retenerlo. Él no quería que lo tenga, me pidió que lo abortara, pero no accedí.

Durante unos meses logró calmar su ira y me acompañó en cada paso de mi embarazo. Hasta que un día decidí subir a Facebook una foto suya diciendo cuanto lo quería y le agradecía su presencia en este maravilloso momento. Cuando Lucas se despertó de la siesta y prendió su celular tenía un mensaje de una chica reclamándole por esa foto. Así que me levantó de una sola cachetada y me preguntó por qué había hecho eso. Acto seguido, me subió a su auto y me dijo: “ahora vas a ver”. Me llevó a una ruta lejos de la ciudad y me empezó a golpear. Yo sólo me cubría la panza, diciéndole: “mi bebe no por favor”, pero él me seguía pegando. Por último, me levantó, me subió al auto y me dijo: “para que aprendas”.

Cuando llegué a casa, me fui directo al hospital. Allí tuve que mentir, les dije que me había caído. Los médicos me dijeron que el bebé estaba bien pero que haga reposo. 4 días después empecé con un aborto espontáneo. Fui al hospital nuevamente, pero no había nada que hacer, mi bebé estaba muerto.

Él lloro, y yo sólo me quería morir. A los dos días me dieron el alta, justo en el día de la madre. Estaba destrozada.

Lucas me acompañó a mi casa, saludamos a todos, almorzamos y nos fuimos a la casa de su abuela. Yo no aguantaba más, le pedí que fuéramos a su casa o a la mía a dormir, pero él se enojo mucho y me dijo que no tenia consideración. Me dejó en casa y no volví a saber de él durante una semana, cuando una amiga me contó que había viajado a Córdoba a visitar a su nueva novia. Yo quedé vacía.

Un año después me lo crucé. Yo estaba con amigos, y él apareció en mi ronda de boliche, me abrazó y me saludó. Yo lo salude cordialmente, pero me agarró fuerte y me dijo: “seguís siendo la misma putita y yo te voy a matar”. Esa fue la primera vez que tuve el valor de denunciarlo. Y esta es la primera vez que tengo el valor de contarlo. 2 años y 9 meses tardé en hablar.

Hoy me siento mejor, siento que salí de una oscuridad terrible, que el sol volvió a brillar. Extraño a mi hijo todos los días y sé que no puedo volver a ser mamá debido a los golpes que me dio.

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