-10º.

A -10º sentía los vidrios del ventanal de la habitación de la casa de Fabio. Los sentía con las mejillas, cuando me presionó la cara contra los vidrios mientras me violaba.

Necesitaba demostrar que fue “el primero en cogerse y romperle el culo a la chica 10” del colegio donde había egresado y era profesor.

Necesitaba que no lo tilden más de idiota porque mi hermana lo había dejado por un ex amigo de él.
Necesitaba ejercer su fuerza, la del adulto mayor, frente a una pobre piba de 16 años.
Necesitaba cumplir ese plan que se había armado, de inventar una falsa colecta y ponerme de ayudante. Sí, eso hizo. Inventó una colecta “para escuelitas del interior”, me propuso de ayudante para lograr su cometido con la frase “La conozco desde que era una bebe, confío en ella”.

Y yo caí, como ilusa. Una tarde me llamó para decirme que en el colegio no había lugar para dejar unas cajas con comida que junté.

“Vení, dejalas en mi casa. Yo me encargo de todo. ¿Te paso a buscar y de paso me ayudás a clasificar esas cosas?”. No me dio tiempo de sacarme la ropa del colegio que llegó, saludó a mis papás, agarró las cajas y fuimos a su casa.

Cuando llegamos, me mostró cosas de su garage, como por ejemplo la motorhome con la que iría a llevar las donaciones, cajas que ya tenía cargadas ahí con comida, etc. Luego entramos a su casa, se sacó la remera porque decía que tenía mucho calor. Realmente no hacía calor. Eran las cinco y media de la tarde, lo recuerdo porque el recordaba que a esa hora cumplía a rajatabla merendar leche y chocolinas con mis hermanos menores.

Fue a la cocina, me trajo un vaso de leche, galletitas y se sentó frente a mí, con su mirada de perrito mojado que tuvo toda su vida.
— ¿Tu hermana cómo anda?
— Bien, por suerte
— ¿Sigue con Pablo?
— Sí —le dije mientras tomaba— Ahora se van a vivir a Londres, el enganchó laburo allá en una empresa de publicidad y…
— ¿Cómo que se va? —fingió tristeza
— Si, Fabio, pero ya fue, no te pongas mal, vos sabes que te re queremos en casa y que ella te quiere, pero ya pasó.
—No puede ser… —dijo, y subió las escaleras llorando. Cerró la puerta de su habitación y me dejó sola en el living.

Yo no entendía nada, me quedé un rato esperando a que bajara, que dijera algo. Después de un tiempo subí para pedirle que me abra así me iba a mi casa en un taxi.

— Vení, pasa. Hablemos.

Me senté en la cama mientras él se apoyaba sobre su biblioteca y me empezó a hablar sobre su vida después de mi hermana, que “qué bueno era ser mi profesor” , que disfrutaba mucho tenerme como alumna, que ya era toda una mujer con inteligencia, entusiasmo, ganas y una belleza perfecta.

Le agradecí por las buenas palabras, se sentó a mi lado, continuó diciéndome cosas lindas hasta que me empezó a acariciar el pelo.
— Creciste muy bien, fue muy lindo verte crecer y ver qué bien estás
— Fabio, ¿qué decís?
— Eso, que estas muy bien, reina. Además, no te hagas la tontita, vi como me mirás. Siempre lo hacés con cara de amor
— ¿Qué? Vos estás equivocado, si sos como un hermano para mí
— No somos hermanos, hoy vamos a ser más que eso

Y me desprendió la camisa. Me arrancó todos los botones de un zarpazo. Me acostó en la cama, hice fuerza para salir de ahí pero me agarró de las mejillas. “Quiero darte amor, como te merecés, bebita mía”. Me sacó la pollera del colegio, me rompió la bombacha y me violó. Se dio cuenta que era virgen porque, bueno, no fue muy difícil.

“Mira que suerte que tenés que me enganchaste a mí, eh, yo duro mucho mucho en la cama, ¿no te dijo tu hermana?”

Durante una hora me violó. Me pedía que le diga que lo amaba, que era su puta y que él era el rey. Tuve que hacerlo. Me sacó fotos besándome, yo tuve que sonreír en algunas de esas fotos porque me pedía que lo haga.

En eso, suena mi celular y era mi papá. Él atendió y dijo que yo estaba en el baño, que estaba preparando unas cajas para las donaciones y que seguramente me quedaba a cenar y él me llevaría a casa, mi papá obviamente le creyó y eso fue lo más doloroso.

Aún me esperaba más tiempo en ese lugar.

Me puso una remera suya y me encerró en el baño mientras preparaba algo de comer. Cuando salí, habían velas y cosas como para una cena romántica.
— Fabio, no tengo hambre, no quiero comer
— Vení a comer, te hice las papas que te gustan
— No quiero.
— ¡Vení! ¿Qué parte no entendiste?— y me sentó de un sacudón en la silla.

Probé un bocado de esas papas que él me hacía cuando se quedaba en mi casa, con mi hermana, cuando no era un hijo de puta. Vomité sobre el plato.

— Bueno, me parece que una nena mala me hizo enojar. Vamos para arriba…
— Basta, por favor, ¿qué te hice para que me hagas esto?
— No hiciste nada, eso pasa, tu perfección es igual a la de tu hermana cuando la conocí —dijo mientras me llevó, un poco de los pelos y otro poco a los empujones, a la habitación.

Apagó las luces, me apoyó contra el ventanal, y me levantó la pollera. Yo lloraba, golpeaba el vidrio, nadie me oía.

— De acá también sos virgen, ¿no?
Y nuevamente me violó.

Luego me llevó al baño otra vez, me bañó y me manoseó toda. Me obligó a practicarle sexo oral mientras me filmaba.

Finalmente me llevó hasta mi casa, donde dijo “ustedes tienen unas hijas maravillosas, no hay que dejar que ningún tipo las lastime”. Y se fue.
Cuando se fue, empecé a llorar y les dije lo que había pasado. Mis papás me llevaron a la comisaría, donde tardaron cinco horas en atendernos. Me tuvieron ahí otras horas más. Mientras lo hacían, mi papá se fue a buscarlo.

En su casa no había nada. Esas “cajas” que tenía en su casa eran todas sus cosas. Cuando mi papá llegó, no estaba su auto ni su motorhome. No lo encontramos nunca más.

-10º siento todos los días porque se que anda por ahí, suelto, riéndose de todo eso.

Que puede hacerle los mismos -10º a otra. O a mí, otra vez.

 

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