Con escasos 14 años conocí al que pensé que iba a ser el amor de mi vida. Lindo, agraciado, simpático y muy sociable. No le había visto ningún defecto.

Al principio todo era lindo, me trataba como princesa, de hecho así me decía. Poco a poco ese supuesto príncipe fue convirtiéndose en ogro. Me pedía plata y si no se la daba utilizaba todo tipo de chantaje psicólogico para conseguirla.

Para cuando cumplí 18 años, después de 4 años de relación, me tenía totalmente convencida de que mis padres no querían que le prestara plata porque ellos tarde o temprano me la iban a robar y me iban a echar a la calle. En ese entonces él no solamente controlaba mi dinero, sino que ya me había sometido totalmente. Ya no tenía amigos, ni plata e incluso tenía solo ropa que él me compraba o me aconsejaba comprar.

Cada vez que algún hombre me saludaba en la calle, así fuera mi primo, lo insultaba y a mí me decía que no tenía que hablar con nadie.

Me pidió que juntara mi cuenta de banco con la suya. El detalle era que su cuenta estaba en ceros y él quería ser el titular de la cuenta conjunta.

Me dijo que si no le compraba un celular, no iba a hablar conmigo así que naturalmente yo le compré el mejor que encontré. Me pidió las contraseñas de todo lo que tenía: redes sociales, celular y cuentas bancaria. También se las di. Él ni de broma me dio las suyas.

La semana siguiente mi padré llegó a casa y pidió hablar conmigo. Me comentó que se lo encontró abrazado con otra chica y que le dio unas flores. Él sabía que no le iba a creer y lo grabó todo. Aún así, mi príncipe me convenció que mi padre estaba loco y lo hacía todo para quitarme la plata que ganaba.

En otra oportunidad no me di cuenta que había estado revisando todas mis conversaciones, y encontró un mensaje donde había arreglado con cuatro compañeras y un compañero para hacer un trabajo grupal. El día del trabajo me llamó y mi celular no tenía batería. Al encenderlo, encontré 20 textos llamándome zorra y ofrecida, y que seguramente me había ido a acostar con el compañero de equipo. Me dijo “quiero verme de inmediato”. Yo, ilusa, fui a su casa sin saber lo que me esperaba.

Me esperó muy tranquilo en el living de la casa y me dijo que “o me quitaba lo zorra, o él se iba y jamás nadie me iba a volver a querer”. Me armé de valor y le dije que prefería dejarlo a soportar sus chantajes. Agarró mi celular y me lo tiró en la cara. Dio vuelta la mesa de la cocina y, no conforme con lo que había hecho, me persiguió para pararme cuando estaba corriendo a tomar el primer colectivo que pasara.

Esa semana me llamó mil veces, me envió miles de mensajes pidiendo perdón. No respondí ninguno. Pasadas dos semanas se fue a vivir con la chica con la que mi padre lo vio en la calle.

Me envió algunas cosas que le había prestado, todas rotas e inservibles, tal como dejó mi espíritu.

La chica con la que ahora está sufre lo mismo que yo, quisiera advertirle pero conocidos lo han hecho y no ha querido escuchar, espero que no le pase lo que a mí y salga pronto de las redes del ogro disfrazado de príncipe.

No he recuperado mi plata, pero cuatro años después, he recuperado mi dignidad.

 

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