Ya no te extraño. Ya no te busco por el subte ni espero verte afuera de casa. Ya no.

Fuiste mi primer novio, y la primer persona qué me trato así (y la última también).

Ahora soy libre, libre de los celos y de la paranoia constante que tenías cada vez que iba a bailar o a un recital. Libre de que me dijeras que si me gritaban en la calle, “era por mi ropa de trola” o que sólo iba a recitales a levantar pibes. Libre de tu mirada de desaprobación cada vez qué hacía algo y a vos no te gustaba.

Lo único que te agradezco es que ahora sé que nunca más nadie me va a tratar así y nunca más me voy a dejar menospreciar así. Ojalá cambies.

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