Viví dos años de mi vida con él, pero el maltrato comenzó el día en que fui a verlo a una reunión de trabajo.

Llegué con una falda, nada fuera de los parámetros normales. En cuanto me vió así vestida, enfureció y me largó una cachetada.

Al llegar a casa recuerdo pensar que ya se había calmado, pero no fue así. Me tiró al piso de un empujón. Caí mal y quedé inmóvil, no podía mover mi cuello. Él dio media vuelta y se marchó.

Estas situaciones se volvieron muy comunes en nuestra relación, sus golpes eran tan violentos que a veces caía al suelo desmayada.

Al tiempo quedé embarazada y  me obligó a abortar de forma casera. Me dijo que si no lo hacía iba a dejarme, pues él no quería tener un hijo conmigo. Aún hoy puedo sentir el olor a sangre que había en esa habitación, en la cual tantas veces habíamos hecho el amor pero también en la cual solía encerrarme para poder golpearme mejor.

Volví a quedar embarazada, pero esta vez me dejó tenerlo.

A los tres meses de embarazo me rompió una mejilla de un puñetazo, yo intenté defenderme pero me tiró al piso. Tuve mucho miedo de perder a mi bebé. Por suerte hoy tengo a mi hija aquí conmigo.

Él todavía me maltrata psicológicamente y de manera muy agresiva. Hace todo lo posible para arruinarme la vida, pero yo sigo siendo fuerte y quiero que mis heridas sanen de una vez por todas.

A veces quisiera desaparecer del mundo o simplemente hacer de cuenta que él murió, pero es algo imposible.

 

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