Pasé 12 años aguantando sus maltratos y soñando que un día todo cambiaría, como pasa en las novelas. Me quedé literalmente en bolas. Perdí mi casa, mis ahorros, a mis amigos y familia. Pero me quedó lo más importante ¿Saben qué es? La vida.

Todo empezó una noche de año nuevo. Yo tenía 17 años y hacía poco había perdido a mi viejo de una enfermedad terminal y cruel. Me sentía muy sola. Fue entonces que le abrí mi corazón.

Era encantador. Me había olvidado lo que era reírse, y él me lo recordó, así que nos volvimos inseparables en muy poco tiempo. Teníamos muchísimos planes a futuro y éramos la pareja ideal.

Como dice el dicho “lo bueno dura poco”, y esta no fue la excepción. Me enteré que era adicto a las drogas. Lejos estaba de mí alejarme, por eso me propuse curarlo. A partir de allí todo cambió.

Por supuesto prometió que las dejaría, pero nunca lo hizo. Y como si eso fuera poco,  empezó a maltratarme psicológicamente. Todo lo que yo hacía lo alteraba, no servía para nada y todo me quedaba horrible. Hasta llegó a decirme que era fea. Siempre me preguntaba que haría yo sin él ¿Quién me iba a aguantar si era una insoportable?

Pensé que la convivencia calmaría un poco el asunto pero lo empeoró. Podíamos pasar hasta tres días sin hablarlos y a él no le afectaba, le daba igual mi presencia. Mientras, el maltrato se incrementaba.

Un día llegó con la idea de tener un hijo, yo por supuesto le dije que sí. Estaba muy contenta pensando que cambiaría por completo la relación. Buscamos un bebé durante 4 largos años pero nunca llegó, hoy agradezco que haya sido así. Él solía hacer comentarios como “Yo hago bien mi trabajo pero vos no ¿Qué pasa que no podes embarazarte?” A mí me partía el alma, realmente quería tener un hijo y me hacía creer que era mi culpa. Creo que este tipo de personas hace sentir culpable al otro para la propia negación.

Seguía pasando el tiempo y mi vida estaba condenada a estar con alguien que no me merecía.

En una oportunidad, hice algo que no le gustó y me escupió en la cara. No puedo describir el malestar que sentí. Lloré en silencio y sentía vergüenza de mi misma. La vida se me estaba yendo, o mejor dicho, él se la estaba llevando con mi consentimiento.

No podía contarle a nadie lo que me pasaba ya que a  la vista de los demás éramos dos tortolitos que se amaban profundamente.

Había momentos en los que era encantador, entonces tenía la esperanza de que volviera a ser aquel caballero del que me había enamorado, pero comprendí que eso nunca sucedería.

Yo solo quería ser feliz, y pude serlo cuando me separé.

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