Hasta ese día yo era una nena normal de 12 años que llevaba una vida tranquila, estaba cursando 7mo grado y había tenido una infancia maravillosa.

Recuerdo que solía ir seguido a la fotocopiadora y al kiosco de la escuela. Sobre esa calle, vivía una familia conocida cuyo padre siempre me saludaba al pasar.

Aquel día pasé alrededor de las 18 hs porque quería comprar algo en el kiosco. Fue entonces que lo vi, saludándome como siempre, en la puerta del edificio. Se me puso a hablar sobre mi familia y de cómo me iba en la escuela, también me contó que había comprado un perrito y me invitó a pasar. Ingresé al hall del edificio sin ningún tipo de sospechas.

Cuando encaminamos hacia su departamento, ya en el pasillo, me agarró por detrás y empezó a decirme cosas al oído. “En unas semanas es mi cumpleaños ¿Qué me vas a regalar?”, me dijo. Yo, con la inocencia de una nena de 12 años, dije que iba a regalarle una torta, a lo que me sugirió que podría ser otra cosa. En ese mismo instante, sus manos subieron a mis pechos. Me quedé inmovilizada. Me preguntaba si todo eso estaba pasando de verdad. En cuanto quiso meter sus manos debajo de mi remera, se escuchó un ruido. Rápidamente me soltó y me dijo que volviera al día siguiente a la misma hora, que allí no habría nadie y estaríamos solos.

Me llevó hacia la puerta y allí pude visualizar a su esposa, bajando del ascensor. “Marina quiere ver el perrito que compramos”, le gritó. La mujer respondió que no había nadie en casa, que volviera en otro momento y lo iba a poder ver.

Salí del edificio y volví corriendo a mi casa. Mis papás estaban preocupados porque había tardado mucho, pero les mentí diciendo que había recorrido varios kioscos porque no encontraba lo que quería.

Luego de eso, fui al lavadero y puse a lavar mi ropa. Sentía su perfume nauseabundo en todo mi cuerpo y tenía miedo de que alguien más lo sintiera y se diera cuenta de lo que había pasado.

Nunca se lo conté a nadie porque me daba vergüenza. Seguramente me hubiesen dicho que me lo busqué por pasar por allí todos los días o por haber accedido a entrar. La verdad es que nunca me busqué nada, confié en él porque mi familia lo conocía. Por otro lado, también me avergonzaba el hecho de que me haya tocado por primera vez una persona a la que yo no quería. Este hombre corrompió mi inocencia.

Callé por tanto tiempo que, 4 años después, abusó sexualmente de mi hermana.

No hay un día en que no piense que si no hubiese callado, mi hermana hubiese tenido una vida mejor…

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