Desde pequeña tuve cierta vergüenza hacia los hombres. En la escuela era muy tímida y la típica que se viste de negro.

Fue a los 14 años cuando, por primera vez, alguien se fijó en mí. Realmente la pasaba muy mal, así que cuando concreté me aferré mucho a él. Fueron 4 meses de felicidad, compartíamos gustos musicales y muchas salidas.

El problema recaía en la diferencia de edad, él era 4 años mayor que yo y no queríamos las mismas cosas. Pasaron dos meses más y la presión aumento tanto que accedí a tener relaciones, lo cual no me enorgullece para nada pues muchas mujeres lo hacemos para no perder a quien tenemos al lado.

Después de eso comenzaron las amenazas y las imposiciones. Yo siempre terminaba llorando, sola, en un rincón. A veces recuerdo mis gritos, en una habitación blanca y luego mi reflejo desganado y triste en el espejo del baño. Algunos recuerdos se vuelven confusos y hasta en tercera persona, como si observara desde afuera a aquella niña gritando que no quiere. Detrás de ella, gritos y amenazas. La violencia verbal también es violencia.

Viví casi un año así, llorando todo el día y refugiándome en el colegio. Nadie se dio cuenta, es por eso que me pregunto: ¿Cómo es que nadie notó que aquella niña perdió su sonrisa? Incluso a quienes llamé “amigos” durante mucho tiempo, se reían cuando él me hacía callar.

Ni mis amigos ni mis familiares lo saben y creo que jamás lo sabrán.

La primera vez que se lo conté a alguien, luego de 6 o 7 años, fue a un novio que tenía en aquel entonces. Sorprendentemente él me juzgó y me hizo sentir culpable porque “¿Cómo es posible que hubiera vuelto a tener sexo después de que una ex pareja me violase en reiteradas ocasiones?”.

Ya van a hacer 10 años de aquello, y algunas noches aún sueño con él, gritándome como lo hacía siempre. No puedo dejar de pensar en que algún día quizás me lo encuentre, pienso decirle todo lo siento al respecto.

Este dolor me mata, me hace repreguntrame quién soy y cómo pude salir sola de eso. Las secuelas son grandes, en mi caso me afectó muchísimo sentimentalmente. Soy una caja de cristal. Pero acá estoy, demostrando que ese hombre no pudo romperme por completo y que fui, soy y seré mejor que él.

(Visited 1.272 times, 1 visits today)