Para MB:

Empezamos siendo amigos, tan amigos que no podía entender cómo las chicas que habían estado con vos te odiaban. Hasta me sorprendió enterarme que el padre de una de ellas te había amenazado…

Un día simplemente pasó, nos dimos un beso y yo, muy confundida, te dije que no era lo correcto porque éramos amigos. Vos me dijiste que te la querías jugar, y con eso morí de amor.

Todo marchaba bien hasta que empezaste a estar “raro”, te pregunté qué pasaba y me dijiste que querías volver con tu ex. Yo, destrozada, te dejé ir, pero tu ex cerró sus puertas en tu cara.

Ya sólo me hablabas para tener relaciones porque sabías que no me iba a negar. Me sentía con una enorme carencia de dignidad, pero a la vez pensaba que así volverías a estar conmigo. Yo no me daba cuenta que lo único que hacías era denigrarme psicológicamente, hasta que pasó algo que me marcó bastante.

Habíamos ido a un bar y tomamos de más. Cuando llegamos a tu casa tenía tanto sueño que no quería tener relaciones, pero me insististe y comenzamos a discutir. Me dijiste de todo, y ya cansada te dije: “Hace lo que quieras”. Lamentablemente te lo tomaste muy literal y cuando estaba dormida hiciste lo que quisiste con mi cuerpo, me volteaste, me penetraste y acabaste. En cuanto pude zafarme, salí corriendo hacia el baño para vomitar, no por mi estado de ebriedad sino por los nervios que me había causado aquel momento. Fue fuerte darme cuenta de que me habían violado, o por lo menos eso sentí. Cuando salí del baño, hundida en mis sollozos, me dijiste: “Borracha. Puta. Hoy no estuve bien, me sentí un necrófilo. Ahora dejá de llorar y vení a dormir”. Claro que te sentiste un necrófilo, si yo apenas podía moverme…

Desde aquel día intenté alejarme, pero no pude porque me seguías. Si te enterabas que estaba con alguien, ibas y enfrentabas tanto a él como a mí. Tuve que bloquearte de todos lados y contarle la verdad a mis padres para que me dejaras tranquila de forma definitiva. Pero de nada sirvió porque comencé a tener ataques de pánico como secuela de lo mucho que me hiciste sufrir.

Hoy en día sigo trabajando para superar todo eso, los ataques de pánico desaparecieron, pero desde el 5 de junio del 2013 no pude volver a tener relaciones. Ya pasaron más de dos años, y, aun así, cada vez que se da la situación, recuerdo tu cuerpo por encima del mío, violándome.

¿Sabes qué es lo peor de todo? Que soy yo la que tiene vergüenza y, en realidad, vos tendrías que vivir avergonzado.

Con esta carta te dejo atrás para siempre, con esto te entierro y no pienso dedicarte ni un pensamiento más.

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