Me dicen Lau y tengo dos bellas hijas. La primera es hija de una basura, pero, como dicen, padre no es el que la hace sino el que la cría.

Germán. Cada vez que escucho ese nombre estigmatizo a la persona, pienso que seguramente sea digno se algún insulto. Quisiera poder resumir el infierno que viví con él. Supongo que yo lo amaba demasiado como para poder aguantar tanto… hasta recé para que cambie, pero cada vez era peor.

Él fue mi primer hombre, mi primer novio y quien se encargó muy bien de arruinar ese bello momento. La primera vez que tuvimos relaciones yo no sangré y me increpó por eso. Resulta ser que a los 5 años fui violada por mi primo, por ello no era virgen. Le expliqué la situación y le juré que él era mi primer hombre, pero me dijo que era una puta por haber estado con alguien anteriormente.

De más grande, cuando me fui a estudiar a Salta, Germán se fue conmigo a escondidas porque mis padres no sabían de él. Durante ese período me pedía plata constantemente, me usaba para que le dé de comer y para que le pagara los pasajes. También aparecía en la facultad sin avisarme, lo que provocaba discusiones. En una de ellas recibí mi primera cachetada, aun creo que había sido mi culpa. Luego se disculpó y todo siguió igual.

Después de un tiempo me revelé con mis padres, dejé la facultad y me fui a vivir con él. Mi vida pasó a ser pura “joda”, hasta que tuve que buscar un trabajo porque Germán trabajaba una semana y renunciaba. Vivíamos en su casa, pero era una especia de pensión. Él no me dejaba ponerme vestidos, polleras, remeras medio escotadas y ni siquiera una bikini. Cuando me ponía algo que no le gustaba, me pegaba. Cuando tomaba un poco de más, me pegaba. Era un infierno, así que decidí hablar con mi mamá al respecto.

Terminé volviendo a vivir con mis padres. Extrañaba un poco aquella libertad que tenía con él, pero por fin me sentía segura.

Cuando le dije que íbamos a terminar, agarró un vidrio y se cortó el brazo. La sangre brotaba con rapidez así que me quedé para curarlo, luego nos dormimos y, al día siguiente, me fui. En ese momento ya estaba embarazada, sólo que no lo sabía. Al enterarme, mi mamá se enojó muchísimo conmigo y me fui de casa otra vez. No me quedó otra opción que volver con Germán.

Jamás creyó que nuestra hija era de él. Pero como teníamos relaciones todos los días, no trabajaba y su mamá le daba plata, vivía la gran vida del salvador que me dejó quedarme a vivir en su casa porque estaba embarazada. Una vez más la historia volvió a repetirse, pero esta vez, me pegaba con más fuerza aun en mi estado. A veces me dejaba tirada y se iba a tomar con sus amigos. Yo ya no podía ni opinar distinto a él porque recibía golpes o incluso me violaba o manoseaba.

Estando peleada con mis padres, no tenía otro lugar a donde ir. Ya con 6 meses de embarazo, mi mamá comenzó a hablarme de nuevo, así que empecé a ir a su casa de viernes a domingos. Esas eran mis vacaciones, mis tres días de felicidad infinita. Germán también odiaba a mi familia, pero no decía nada porque le temía a mi mamá a tal punto que nunca se hablaron.

Al nacer mi beba, casi me muero. Padecí de preeclamsia y tuvieron que hacerme una cesárea. Durante todo ese tramo, estuve con mi mamá porque era la única persona con la que quería estar. Cuando me dieron el alta, volví a casa con él, entregándome al diablo mismo. Este era el infierno, pero mil veces peor. Ya no me dejaba salir, tenía celos de todo y de todos, y hasta seguía dudando de la paternidad de nuestra hija aunque ella es un calco de él.

Ese día era viernes, me tenía que ir a lo de mis padres, pero él no me dejaba. Me dijo que no iba a ir más y comenzó a gritar. Mi hija estaba a mi lado, viendo todo. En un abrir y cerrar de ojos, me tomó del cuello hasta dejarme casi sin aire. Sentí que me moría y comencé a temblar, fue entonces cuando se asustó y me liberó. A los pocos segundos recuperé el aire y, llorando, le dije “Hasta acá llegué, ya no más”. Germán me quitó a mi hija de los brazos, quien tenía dos semanas de vida, y se alejó. En ese momento entró su madre y le dijo: “Basta Germán, que se vaya. Te mereces a alguien mejor”. La miré con odio, tomé a mi bebé y me fui.

Posteriormente quise hacer una denuncia, pero no me la tomaron.

Ya hace 4 años que no lo veo. Se podría decir que soy feliz, o que al menos trato de serlo. Hay días en que recuerdo todo y sufro, ese hombre me lastimó demasiado.

Ahora fui mamá de nuevo y mis hijas tienen un padre muy bueno. A veces me cuesta amar, dar, entregar. Tengo miedo, pero mi esposo no se merece los requechos de nadie. Él juntó mis pedazos y los volvió a unir con mucho amor.

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