Mi nombre es Melina, tengo 17 años y lo que voy a contar paso cuando tenía 15.

En ese entonces tenía novio, una relación que recién comenzaba. Una noche salimos por el cumpleaños de una amiga y uno de sus amigos no paraba de tirarme onda, yo lo evitaba como podía y le decía que no quería saber nada, pero el muchacho insistía. En un momento de la noche apareció mi novio, yo no sabía que iba a ir y él tampoco me avisó. Igualmente, todo iba bien, tomamos un montón y llegué a un estado en el que ya no pensaba. Al final de la noche, nos peleamos, en realidad él se enojó por el estado en que me encontraba e hizo toda una escena adelante de sus amigos, mientras yo no decía nada, ya que mi cerebro no conectaba con mi boca.

Cuando volví a la casa de mi amiga, la bronca me comía por dentro. Sumado a que seguía borracha, aquel chico que mencioné al principio se pasó todo el camino “consolándome” y llenándome la cabeza para así alimentar mi enojo. Al llegar a la casa de mi amiga, busqué mis cosas y cuando estaba por irme, este chico se ofreció a acompañarme, ya que también vivía para el mismo lado. La realidad es que yo estaba en un estado bastante vergonzoso, así que le dije que sí porque lo consideré más seguro.

En el camino pasamos por delante de una plaza cerrada. “Vamos un rato ahí”, me dijo. Yo lo seguí porque no entendía lo que estaba haciendo. Nos sentamos en un banco y comenzó a besarme y a tocarme, no recuerdo muy bien como lo hizo, pero cuando me di cuenta me había llevado detrás de un árbol. A partir de allí todo fue muy rápido y borroso, me bajo el short y ya estaba dentro de mí, sin protección ni nada por el estilo. Sentí una presión horrible y que todo se desgarraba por dentro ya que era virgen, y sí, esa había sido mi primera vez.

Juro que quise separarlo infinidad de veces, pero me ignoraba completamente. Ya que no podía articular bien, se me pasaban miles de cosas por la cabeza. Me sentía indefensa, así que me quede quieta sin hacer nada. Cuando terminó de abusar de mí, se tomó el lujo de decirme: “Boluda ¿¡Eras virgen!? Nunca me lo imaginé”.

Cuando llegué a casa seguía en estado de shock, me dolía todo el cuerpo. Al otro día desperté y tenía algunos recuerdos acerca de lo que había pasado. Más tarde, me llegó un mensaje de él diciendo que salga afuera porque estaba esperándome. Cuando salgo me saludó normalmente y me preguntó si estaba bien. “Con qué cara me preguntas eso”, pensé. Estaba destrozada, me sentía vacía y usada. “Toma, ayer no me cuide y es mejor que la tomes”, dijo mientras ponía en mi mano la pastilla del día después. Fue el momento más humillante de mi vida…

Después de esa noche, corté con mi novio y desde allí mi elección en cuanto a los hombres no es muy buena. Esto lo saben sólo algunas de mis amigas, y no la verdadera versión, sino que yo accedí a hacerlo, pero me arrepiento. Supongo que les dije eso por vergüenza.

Lo peor de todo es que esta basura vive cerca de mi casa y me lo cruzo seguido, me hace recordar lo que pasó una y otra vez. A pesar de eso, nos saludamos como si nada hubiera pasado, y veo en él que nunca cayó en todo el mal que me hizo.

A la larga me di cuenta que eso me había marcado de por vida, afectó mi personalidad, la relación con mis padres, y hasta me convertí en una persona depresiva e insegura, que se siente poca cosa y se deja manejar por cualquiera.

Aún no logro superarlo, me castigo todos los días por haber sido tan estúpida y no creo poder perdonármelo.

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