También quiero contar mi historia.

Cuando pequeña era muy cercana a un primo. Al tener 13 y él 23 años se fue al norte del país para ser carabinero, y por la cercanía que teníamos nos llamábamos siempre. Poco tiempo después, las llamadas y mensajes comenzaron a subir de tono (me decía cosas sexuales) pero yo no le di mayor importancia.

Dos años después regresó y buscaba estar siempre conmigo. Mejor si era a solas “para recuperar el tiempo perdido”, decía él.

El día en que cumplí 15 años llegó a mi casa cuando estaba sola con la excusa de que quería ver a mi mamá. Luego de explicarle que no llegaba sino hasta la noche, él decidió esperarla, mientras me ofrecía insistentemente darme un masaje de espalda. Claramente no acepté, pero él no quería un “no” por respuesta, así que me dio la vuelta y comenzó a apretarme contra él, a pasar sus manos por todo mi cuerpo hasta que comenzó a quitarme la ropa. Por más que intenté liberarme, no pude. Mientras lo golpeaba e incluso mordía, me decía que eso lo excitaba más.

Cada vez que escuchaba en la tv sobre una violación siempre dijeron que a la víctima la golpeaban o hasta la mataban por resistirse. Así que me rendí. Sí. Me rendí y terminé tirada en el sofá de mi casa siendo abusada sexualmente por un familiar “de confianza”. Cuando término de abusarme dijo: ” este es tu regalo de cumpleaños” y se fue.

Hoy tengo 21 años y él 31. Es la primera vez que lo cuento y aún sigo sintiendo asco de mi misma porque no hay día en que no recuerde lo que pasó.
Lo cuento por que puedo.

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