Lo conocí en un boliche cuando tenía 16 y él 19, esa noche nos la pasamos charlando. Estuvimos así tres meses hasta que por fin pudimos concretar, nos dimos el primer beso y comenzamos a salir. 8 meses después nos pusimos de novios.

Tuve mi primera vez con él, fue realmente hermoso. Recuerdo que me decía “tengo miedo de lastimarte”, era tan atento conmigo que me tenía encantada. Teníamos esas discusiones típicas de pareja cada tanto, pero no era nada fuera de lugar. Así fueron pasando los meses.

Si tengo que contar cuándo fue la primera vez que me pegó, mentiría. Mi cerebro se encargó de bloquear esos recuerdos, uno por uno. Sólo me acuerdo de un hecho en particular, el cual vengo a contarles.

Una noche salí a bailar con mis amigas, cuando volvía para casa pasé por un bar en el que estaba él tomando algo con unos amigos. En cuanto me vio pasar salió del bar y me siguió hasta casa, donde comenzó a gritar hasta que me tomó del cuello, yo le pedía por favor que me suelte. De repente, el miedo y la falta de oxígeno repercutieron en mi cuerpo y empecé a convulsionar. Al instante me soltó y cuando me recompuse volvió a gritar, me decía que todo esto era mi culpa por haber salido con mis amigas y por haber tomado de más. A los 5 minutos me pidió perdón y me dijo que yo lo descontrolaba. Entré a mi casa y me fui a dormir.

Al otro día hablamos sobre lo que había pasado, le dije que lo amaba pero que le tenía miedo y que la única solución que encontraba a todo esto era hablar con mis padres y con los suyos para comenzar ambos un tratamiento psicológico.

Finalmente, solo hablamos con los míos. Imagínate que tu hija venga a decirte que su novio le pega, ver a mis padres llorar fue desgarrador.

A pesar de eso, el tema empezó y terminó en esa conversación. Allí entendí que con 17 años estaba sola.

Empezamos el tratamiento pero la terapeuta nos dijo que este era solo para él, pero igual continuamos yendo un mes. Siguieron pasando los años y también los golpes, acompañados del silencio de mi familia.

Quedé embarazada, por dentro sabía que cuando viviéramos juntos llegaría el final de ese maltrato. Por suerte fue un embarazo sin golpes, tuvimos un hijo muy sano.

Un año después me diagnosticaron una piedra en un riñón, estaba muy dolorida y débil. No sé muy bien por qué comenzamos a discutir pero todo terminó con una trompada de su parte en mi riñón, lo único que pude hacer fue quedarme en la cama, ya que el dolor no me permitía caminar.

Ese día decidí que nuestra relación debía terminar y así fue, durante 8 años estuvimos metidos en un círculo de violencia gigantesco del cual ninguno de los dos podía salir.

Me dejó en paz una vez que consiguió otra mujer, u otra víctima, como prefieran llamarlo.

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