Mi mamá intentó suicidarse cuando yo tenía un año y yo quise ir por el mismo camino muchas veces, porque eso es lo que te produce vivir con mi papá.

Él siempre fue de esos que tienen ataques de violencia y agresividad excesiva ante la más mínima desobediencia, necesitaba tener siempre la razón y el control de todo. Se creía mucho y alardeaba de su genialidad, al punto que llegué a pensar que tenía un serio delirio de grandeza.

Cuando tenía 6 años mis papás se separaron, y como mi mamá tenía que trabajar todo el día para sostenerme a mí y a mi hermana (hija de otro hombre), yo pasaba muchísimo tiempo con él, en su casa.

Cuando mi papá tenía sus arranques, al principio me quedaba callada, siempre había sido así su trato conmigo. El problema fue cuando entré en la adolescencia y me puse más respondona, que yo me creyera a la altura de responderle lo volvía loco y se violentaba cada vez más. Pero la peor parte no era la violencia, lo peor era que cuando estaba tranquilo nos llevábamos muy bien, yo lo quería mucho.

Dormí con él en su cama hasta comienzos de la secundaria y me acuerdo que siempre andaba desnudo por la casa. Cuando le pedía que se vistiera me decía que de qué me quejaba si yo había salido de su cuerpo, me decía que así lo hizo Dios y que era su casa y podía andar desnudo todo lo que quisiera. Me acuerdo que en la playa me obligaba a ponerme en bikini, yo era muy pudorosa y prefería quedarme con la ropa puesta. No sé si alguna vez abusó de mí, tengo muchos recuerdos bloqueados que a veces saltan y me lastiman mucho.

La noche en que decidí dejar de verlo la tengo grabada a fuego. Yo tenía 14 años, recuerdo que él me pidió la computadora y yo tardé en dársela porque se colgaba. Se enojó muchísimo, vino corriendo y agarró el respaldo de la silla donde estaba sentada para después revolearlo. Yo, acostumbrada a esas situaciones, salí disparando. Pero me corrió hasta mi pieza donde me encerré con llave. Él golpeaba la puerta y me gritaba que le abra porque si no se “pudría todo”, le abrí por miedo. Gritaba tanto que me escupía en la cara, yo me arrinconé en la cama cucheta, él revoleaba mis cosas y me decía de todo, también golpeaba la cama de arriba. Yo estaba tan asustada que dejé de responderle, pensé que me iba a matar, me escapé por el borde de la cama y corrí hasta el baño donde me encerré con llave y ahí sí no le abrí. No sé cuánto tiempo realmente estuve llorando a los alaridos mientras el golpeaba la puerta y gritaba, pero se sintió como una eternidad. Del miedo me dejaron de responder las piernas y no me podía levantar del piso. En algún momento se calmó y empezó a decirme: “no llores, mi amor”, “estás llorando mucho” y me mandó a bañar. Cuando salí del baño, me acosté y me hice la dormida, esperé a que él se duerma, agarré mi mochila y fui a la escuela aunque fuese de noche, no podía quedarme un segundo más en esa casa.

Mi mamá hizo la denuncia, le mostró una grabación que hice al juzgado y le dieron la ley perimetral. Aunque me destrozó psicológica y mentalmente, estoy feliz de que mi papá no esté NUNCA MÁS A MI LADO.

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