Conocí a Claudio en unas vacaciones de verano. Era mi primera vez en Europa, un sueño hecho realidad. Él, como buen anfitrión me llevó a pasear por lugares hermosos, estaba en cada detalle como buen caballero. Así fue como me enamoré y me dejé llevar por su engañosa personalidad.

Al año nos casamos y su lado oscuro salió a la luz.

Todo comenzó con comentarios un tanto machistas, como que yo le pertenecía y debía satisfacer todas sus necesidades sexuales. Me presionaba para que realizáramos prácticas sadomasoquistas pero yo me negaba. Esto le causaba grandes disgustos y por ello, empezó a insultarme y a tratarme de forma despectiva. Cada día que pasaba se ponía más agresivo.

Un día me encontraba lavando los platos cuando Claudio llegó a casa. Se acercó a mí y tiró todo al suelo, argumentando que debía usar el lavavajillas, puesto que así quedaría todo realmente limpio. Ese tipo de actitudes se volvieron cotidianas, yo debía hacer todo a su manera para evitar futuras agresiones.

Me decía que era fea, que cocinaba horrible y que era la peor amante que había pasado por su cama. Lo que más me dolía era cuando me decía que era la miseria misma, porque durante todo un año me lo creí y entré en una profunda depresión ya que me desconcertaba enormemente su comportamiento “bipolar”. Después de cada grito o golpe me miraba con ternura, como si nada hubiese pasado.

Anhelaba tanto volver el tiempo atrás y no haberme casado con él…

Intenté hablarlo, pero eso lo hacía enfurecer más. Quería decirle que me sentía maltratada y que necesitábamos ayuda psicológica, por dentro me quedaban esperanzas de que pudiese retractarse y comenzar a tratarme mejor.

Recuerdo que un día me dijo: “Estas igual de loca que mi ex esposa”. Me contó que había tenido que internarla en una clínica psiquiátrica porque había intentado suicidarse, entre otras cosas. Esto me llamó la atención y decidí averiguar más sobre el tema.

Hablé con ella y con conocidos de ambos. Resulta que Claudio destruyó la vida de esa pobre mujer. Usó sus influencias como abogado reconocido para deshacerse de ella porque le había hecho una denuncia por violencia intrafamiliar. La internó 5 meses en un hospital mental mientras tramitaba el divorcio. La dejó totalmente desamparada, en la calle y con grandes traumas. También me contó acerca de sus exigencias sexuales, Claudio le ofrecía dinero a cambio de realizar prácticas que iban en contra de su moral.

Hablar con aquella mujer me hizo reaccionar, fue como ver mi propio futuro.

De inmediato tomé la decisión mas acertada de mi vida y regresé a mi país para tramitar el divorcio. Logré desligarme de él, pero aquellas marcas que me ha dejado serán imposibles de borrar.

 

 

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