A vos,

Me acuerdo todas las noches en las que estuve a la espera de un “perdón”, necesitando saber que una parte tuya se arrepiente de haberme hecho tanto mal, a mí, que te di mi vida.

¿Realmente no te quema la cabeza acordarte de mí? ¿Disfrutaste aquellos cortes en mi piel que tanto pediste? ¿Creés que los moretones me quedaban lindos? ¿Podés seguir sin culpa, recordándome lastimada contra una puerta? ¿No te molesta al levantarte todos los días, pensar en mi cara cuando me tendiste un cuchillo mientras pronunciabas «matate»? ¿Te hubiese gustado que me suicide? ¿Disfrutaste aislarme de todas las personas que me querían? ¿Te siguió doliendo el puño que golpeó la pared, desviándose del camino hacia mí? ¿Pudiste comprobar si fui un “tumor en tu vida”? ¿Estás orgulloso de haberme denigrado día tras día durante dos años?

¿Seguís creyendo que lo merecía?

Mi cabeza borró tantos detalles que quizás debería tomar eso como algo bueno. Pero el dolor… el dolor no se va. Esta historia, nuestra historia, forma parte de mí y me va a acompañar por siempre. Va a estar presente en cada hombre que conozca, en cada decepción, en cada nuevo comienzo. Y no te importa, no te importó.

Y yo nunca te importé.

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