Con 18 años recién cumplidos, 3 meses de relación y pocas semanas de embarazo, me casé.

A los 4 meses perdí a mi beba, y allí fue cuando comencé a conocer a quien ya era mi esposo. Él me decía todo el tiempo que no servía para nada y que era una hija de puta por haber perdido el embarazo.

No me dejaba estar con mis amigos, y de a poco, ni siquiera con mi familia. Llegué a tal punto en que sólo decía y hacía lo que él quería, hablaba con quienes le caían bien (que eran pocos) y solamente lo hacía en su presencia.

Me golpeó muchas veces y hasta intentó estrangularme otras más, todo eso por querer expresarme. Pero el día en que me agredió en público marcó un antes y un después en mi vida, dado que luego de aquella situación comencé terapia y pude dejarlo.

Allí empezó una lucha todavía peor. Me siguió por todo San José, y su hermana también lo hacía. Cuando me veían por la calle me insultaban, y hasta entraban a mi casa para saber con quién estaba y por qué. Terminé dándole todas las cosas que habíamos comprado en los 4 años de relación que tuvimos, no me quedé con nada, pero no le bastó.

Su acoso recién terminó cuando efectué una segunda denuncia en su contra.

Durante ese período bajé mucho de peso, no dormía bien ni salía mucho a la calle por miedo a encontrármelo. Casi pierdo el trabajo porque se la pasaba esperándome en la puerta para insultarme.

Al final, con tantos malos recuerdos, conocí a mi actual esposo y me mudé de mi departamento. Hoy soy una mujer feliz, libre y a punto de recibirse. Me volví a casar y soy mamá de un hermoso bebé de 2 meses. El hombre que tengo a mi lado me ama por lo que soy, con mis locuras e ideas. Pero todo esto no podría haberse logrado sin el apoyo de mi familia y amigos, quienes nunca me dejaron sola a pesar de todo.

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