Cuando era chica, tendría entre 8 y 9 años, tenía un primo que me acosaba. Siempre me pedía besos y quería tocarme aunque yo le decía que estaba mal.

Un día nos quedamos a dormir juntos. Por la madrugada, empecé a los gritos porque tenía a mi primo metiendo su mano dentro de mi bombacha. Mis papás entraron corriendo y no pasó nada más. No conté nada por miedo.

A esa misma edad, un amigo de mi papá me metió los dedos en la vagina. Me dijo que era un juego. Me acuerdo que, como no me gustó, me fui corriendo sin decir nada.

A los 15, estaba esperando el cole para ir a visitar a una tía y un auto paró para insistir en llevarme. Le digo que no varias veces y le digo que si seguía ahí parado, iba a empezar a gritar. Se fue sólo porque una persona se acercó a la parada.

A mis 25 años, en el colectivo, un hombre se sentó a mi lado e intentó manosearme. Lo empujé y se bajó. Nadie se metió a ayudarme. Por eso me da miedo que los hombres se sienten al lado mío en el cole. No confío en ellos.

Lo cuento porque puedo hacerlo #cuentalo

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