Nunca sufrí violencia física, pero sí verbal y psicológica.

Se llamaba Fernando. Tuve que lidiar con él toda mi escuela primaria y parte de secundaria.

Nunca entendí cuál era el problema que tenía conmigo, no creo haberle hecho algo malo para que me tratase de esa forma. Me acosaba y me despreciada constantemente, a tal punto que generó en mí muchos problemas a nivel físico y mental.

Cuando me preguntan sobre mi infancia o sobre mis épocas escolares automáticamente se me viene a la mente su cara. Recuero innumerables veces que tuve que cuidar lo que decía por miedo a que él se metiera en mis conversaciones diciendo “Callate gorda fea, vos no haces nada bien”. También soporte muchísimos insultos y degradaciones de esa misma índole. Me trataba de tonta, decía todo el tiempo que no me daba la cabeza para nada e inventaba cosas que yo nunca había dicho ni hecho. Desde que teníamos 10 años se encargó de poner a mis compañeros de clase en mi contra, no me permitía tener amigos.

Llegué a quedarme literalmente sola, todos me excluían porque no quería juntarse conmigo o porque tenían miedo de que por juntarse, Fernando, les diga algo.

En los recreos me encerraba en el baño a llorar, anhelaba tanto que él dejara de decirme gorda que vomitaba para verme más flaca.

Cuando estaba en tercer año no tuvo mejor idea que cambiarse a mi escuela, yo hice lo mismo. Llegué al punto de huir de él. Solo quería tener amigos que me respetaran y dejar de ser maltratada de esa forma, pero Fernando tenía algo conmigo y nunca desaparecía.

Meses después, ya estudiando en un colegio distinto, recibí una llamada a mi celular de un número privado. Cuando atendí sentí risas de fondo y su voz, tratando de hacerse pasar por otra persona. Yo sabía que era su voz dado que hasta el día de hoy, con 20 años, la recuerdo perfectamente.

Se hizo pasar por Martín, un chico que me gustaba hace mucho tiempo y que él se encargó de poner en mi contra. Con su pobre imitación decía que yo era la chica más horrible que había visto, y por supuesto, también la más gorda y puta. Terminó su monólogo diciendo que nunca me iba a dar bola.

A pesar de que sabía que era Fernando, me pasé una semana entera llorando y deprimida. No salía, no iba a clases ni comía porque no quería que la gente me vea así, fea y gorda. Estaba muy avergonzada de mi misma.

Luego de ese llamado no volví  a saber nunca más de él, ni de esa mala junta que tenía. Supongo que habrá encontrado otra chica a la cual acosar.

Hasta el día de hoy no puedo comprender por qué nunca me defendí.

Hace poco, gracias a la ayuda psicológica que estoy recibiendo, terminé de darme cuenta que todo ese maltrato que recibí de su parte me generó grandes problemas en mi autoestima. Nunca tuve el placer de considerarme una mujer bella, por lo menos un segundo. He llegado a bloquear la entrada de conocimientos, tanto en la facultad como en cualquier otro ámbito, no me consideraba una mina capaz.

Aún sigo y seguiré luchando contra estos fantasmas.

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