Mi nombre es Rocío, tengo 18 años y quiero contarles algo que me pasó hace aproximadamente un año atrás.

Era una noche de verano y yo estaba esperando el colectivo de la línea 26 en avenida Rivadavia para volver a mi casa después de una fiesta, eran las 4 de la mañana pero había gente transitando, no me dio miedo estar ahí.

Como era tan tarde el colectivo tardó muchísimo en pasar. Yo estaba muerta de sueño y hambre.

En un momento veo que se acerca caminando un grupo de chicos, tendrían entre 18 y 23 años. Venían gritando y riéndose, seguramente salían de algún boliche y estaban borrachos. Eran más o menos 10.

Pasaron caminando casi por encima de mí y tocaron todo mi cuerpo sin ningún tipo de pudor, como si yo fuera un pedazo de carne sin valor o sentimientos. Entre todos me gritaron “puta” y uno de ellos me pegó una cachetada. Siguieron de largo, riendo más que nunca por lo que habían hecho, como si se sintieran superiores por hacerle eso a una chica. Yo no pude hacer ni decir nada, fue un segundo en el que me quedé helada. Esa mezcla entre bronca, angustia e impotencia no me dejó reaccionar.

Por suerte, unos minutos después, llegó el colectivo y me fui. Quién sabe si ellos volverían por más.

Nunca se lo conté a nadie por vergüenza, pero fue un recuerdo que permaneció en mi cabeza por mucho tiempo.

(Visited 1.531 times, 1 visits today)