Cuando tenía 14 salía a bailar seguido con Celeste, una amiga dos años más grande que yo.

Un día fuimos a un boliche que quedaba en el centro y del cual honestamente no recuerdo el nombre, sólo sé que pasaban rock nacional.

Fuimos 3 fines de semana seguidos. La primera noche mi amiga me presentó al barman. Él era mucho más grande que yo. Tenía unos 26 años. Recuerdo que pasó toda la noche haciéndome todo tipo de halagos y regalándome cerveza.

La segunda noche hizo básicamente lo mismo y terminamos besándonos. No por mucho tiempo. Ni hubo manoseos porque yo era chica y no me sentía muy cómoda como para llegar a más. Era el barman de un boliche, lo cual hacía que fuese un poco más cool a los ojos de una adolescente, pero pensé que había sido un beso casual y solo eso.

El tercer fin de semana, apenas entramos al boliche el tipo se me pegó. Salía de la barra y hacía lo que quería.

Celeste también tenía una relación de amistad con él y nos dejaba solos a propósito. Esa noche terminé tomando todas las cervezas que me regalaba y obviamente, poniéndome muy en pedo.

Me di cuenta que esta situación no estaba buena vivirla a los catorce años. Yo trataba de escaparme de él, pero Celeste no me daba mucha bola.

Fui de una punta del boliche a la otra. Entré al baño pensando que se iba a cansar de esperarme, pero cuando salí él seguía firme en un rincón, esperándome. Ya sin ideas le pedí que me regalara un vaso de gaseosa porque tenía sed pero no quería seguir tomando alcohol. Me dijo “si obvio, vení” y me llevó a la barra.

Cuando llegamos intentó que entrara por una pequeña puerta que daba a un depósito. Yo le dije “Tengo que volver con mi amiga, me está esperando. Andá, traerme la gaseosa que yo te espero acá” pero el tipo me hacía burla y me decía “vení, acá está la coca, vení acá que te doy la coca”.

A los empujones y en menos de un segundo logró meterme en el depósito, de la misma manera me fue empujando contra un barril, me dio vuelta a la fuerza y me bajó la cabeza con su brazo. Básicamente quedé en un ángulo de 90 grados con el culo apuntando hacia a él, y sin poder moverme. Se desabrochó el pantalón y me bajó la pollera. Yo intentaba escapar, moviéndome para todos lados, pero no pude.

Las medias de nylon que tenía puestas me dieron un poco de tiempo para pensar qué hacer. El tipo no lograba sacármelas.

Debido a mi debilidad física, noté que no iba a ganar por la fuerza y que era cuestión de tiempo para que el tipo me rompiera las medias y pudiera violarme. Se me ocurrió gritar lo más fuerte que pude pero era desesperante saber que estaba en un boliche y que probablemente nadie escucharía.

Alguien entró en el depósito. En ese momento, grité con toda la fuerza de mis pulmones. Para ese entonces el barman tenía la pija al aire. Al escuchar la puerta, el tipo se sorprendió y en esa fracción de segundo me soltó, así que salí corriendo. Lloraba, temblaba y me bajaba la pollera como podía.

Fui donde estaba mi amiga pero no le dije nada. El golpe de adrenalina me había devuelto la sobriedad. Me senté cerca de ella y empecé a mirar para todos lados. Tenía miedo que apareciera. Pensé en hablar con el patovica para que hiciera algo pero no lo hice porque supuse que debían ser amigos. Ya sin ideas, saludé a todos así nomás y me fui.

Me tomé un taxi. Cuando me subí, era todo igual pero diferente. Me di cuenta que a partir de ese momento le tenía miedo al taxista. Y a muchos otros hombres.

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