Había cortado una relación larga hace poco y realmente estaba triste, mis amigxs estaban lejos y recordé con esperanza de un amigo y ex amor que vive en mi barrio, concretamente mi primer amor y mi primer beso.

A partir de ahí fueron dos semanas de ir seguido a su casa para distraerme, él siempre tirando indirectas y siendo muy pegado y yo con un triste recuerdo de una relación que creía terminada con otra persona.

Un día yo llevo brownies “locos” porque él me había pedido y para ser sincera nunca había tenido una mala experiencia. Dicen que había que comer poquito pero nosotros nos hicimos los confiados y comimos de más, ahí empezó mi calvario.

Estábamos acostados y él me abrazaba, yo realmente me sentía incómoda y no podía hablar de lo drogada que estaba. Sus manos empezaron a subir y yo me lo veía venir, me estaba poniendo muy mal y confirmé mi temor cuando me empezó a manosear. Me tocó todo el cuerpo, sus manos eran infinitas para mí y no podía decirle que no, me sentía mal, era mi propio amigo quien me estaba abusando, quería llorar.

En un momento (al que recuerdo hoy en día con mucho asco al punto de darme arcadas) me empezó a meter los dedos en la boca, como parte de una especie de juego sexual y yo lo mordí. Lo mordí porque no podía hablar y lo miré con mi mayor cara de odio, pero él siguió insistiendo y accedí obligada, queriéndome morir por dentro. Luego, me dejó en paz.

Es un triste y reciente recuerdo lamentablemente que no me animo a denunciar, porque sé que me van a juzgar por estar drogada y a él lo van a justificar. Vivo con miedo todos los días y hasta el más mínimo agarre a la cintura me hace saltar.

Pero, querido lector, ¿qué tanto te sorprenderá saber que ambas partes de la historia tienen 17 años? Porque lamentablemente vivimos en una sociedad que inculca a los hombres a abusar, porque me inculcaron que si me pasaba eso tengo que dejarme abusar. Que mi experiencia nefasta sirva para despertar a otra persona.

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