Conocí a Mauro cantando “Can’t stop” de Red Hot Chili Peppers en un bar con amigos. Recién dos años después pude entablar conversación con él. Entre idas y vueltas terminamos en su cama.

Al mes empezamos a salir. Mauro era la persona más dulce y atenta que alguna vez conocí. Fue mi primer novio y como toda inexperta, aceptaba sus excesivos celos, sus enojos y sus caprichos. De alguna forma me sentía cuidada cuando me reclamaba que mi pollera era muy corta o que tal amiga me llevaba por el mal camino. Llegué a sentir que me moría sin él.

Cuando salía con sus amigos no me hablaba en toda la noche. Y lo digo porque yo tenía prohibido salir. A veces me llegaban mensajes de mis amigas contándome las cosas que hacía.

Una tarde volví muy cansada de la facultad. Cumplíamos tres meses juntos y le preparé la cena pero debido al cansancio que tenía, me quedé dormida. A la hora llegó y muy enojado me reprochó que no lo había esperado despierta. Le pedí disculpas y cenamos juntos.

No sé cómo surgió el tema de como perdí mi virginidad. Yo no tenía nada que ocultar y le conté que había sido con un amigo,  lo cual desató su enojo y me gritó “sos una puta, era yo quien tenía que haberte desvirgado. Sos una gorda puta”.  Casi al instante me agarró del brazo  con tanta fuerza que me dejó sus dedos marcados. Traté de calmarlo con palabras y nos fuimos a dormir.

Mauro me decía que se sentía deprimido por mi culpa, que yo lo hacía sentir un tonto porque nunca había desvirgado a una chica y me reclamaba todo tipo de cosas sobre mi pasado. También me decía que tenía que estar agradecida porque estaba con él,  que yo era una gorda y que nadie más iba a querer estar conmigo.

Yo siempre fui una chica con baja autoestima y todo esto provocó que me derrumbara aún más.

Terminamos la relación a los seis meses. No podía ni comer de la tristeza que tenía. Volvimos a hablar y también nos vimos.

Aunque no volvimos a estar de novios, Mauro seguía reclamándome que yo hablaba con otros chicos. Al ver esto,  yo también quise imponerme y reclamarle que había querido estar con una chica. Entre insultos y griterío “me gané una cachetada”. Sí, me la gané. Eso fue lo que él me hizo creer mientras me pedía perdón.

A pesar de ese episodio, seguimos juntos otros tres meses más. Se podría decir que fueron tranquilos. Seguía sin poder imaginarme una vida sin él.

Un día se me ocurrió subir una foto donde se notaba un poco mi escote. Mauro no pudo dejarlo pasar y me dijo “mirá cómo te vestís, sos una puta. Después te quejas cuando te dicen cosas en la calle, no tiene sentido lo que hacés, gorda de mierda”. Al escuchar esto, junté fuerzas de donde pude y decidí terminar con él.  Estaba realmente cansada.

Mauro siguió insistiendo un tiempo más hasta que se cansó.

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