Conocí a Marcos una noche como tantas otras, en un boliche de capital. Me acuerdo que mis amigas no paraban de decirme que él no me sacaba los ojos de encima, pero yo no le di mucha importancia hasta que se me acercó y después de charlar un rato, nos pasamos celulares.

A partir de ese día empezamos a hablar por mensaje diariamente. Mi primera impresión de Marcos era la de un pibe medio creído, pero cuando me invitó a tomar algo por primera vez, acepté, y después de un rato logró que me desprenda de aquellos prejuicios que tenía. Pudo conquistarme con su compradora y carismática forma de ser.

Transcurrido el tiempo la cosa se puso un poco más seria. Lo acompañaba a los ensayos de su banda, a comprarse ropa y a su trabajo. También íbamos mucho a comer y nos quedábamos dormir en las mismas casas. Yo ya conocía a su familia y él a la mía. Demostró bastante interés en muy poco tiempo y yo termine estando fascinada ya que nunca me había pasado esto con otro chico. Teníamos mucha confianza y nos sentíamos muy cómodos con el otro.

Lamentablemente las cosas buenas no duraron mucho tiempo. Pasadas unas semanas más, empecé a notar actitudes raras para con sus padres. Constantes faltas de respeto tanto verbales como físicas. Hasta llegué a ver como los golpeaba o los empujaba. Esto me asustó un poco pero pensé que simplemente tenían una mala relación, y yo no debía meterme en sus problemas familiares.

Poco a poco las peleas entre nosotros se volvieron constantes porque los dos éramos de personalidades fuertes y Marcos siempre trataba de ganarme ya sea gritando más fuerte, amenazándome, y hasta pegándome. Muchas veces él no respetaba mis tiempos y me obligaba a hacer las cosas a su manera. Cada discusión que teníamos desencadenaba en terribles situaciones de las cuales les voy a contar puntualmente una.

Cierta vez Marcos estacionó el auto frente a su casa para que bajemos y durmamos ahí. Yo no me sentía muy bien, entonces le pedí que me llevase a mi casa ya que seguramente al estar cómoda en mi cama me iba a sentir mejor. Él se negó y me obligó a bajar del auto a la fuerza. Éramos dos personas forcejeando en el medio de la calle. Cansada y con un gran malestar físico, dejé de hacer fuerza y me rendí. Él, aprovechando la situación, me tiró a la zanja como castigo. Termine en el piso, golpeada, mojada y sucia. No me quedó otra que entrar a su casa ya que no podía volver a la mía en ese estado.

Marcos solo me pegaba cuando estábamos en su auto o en su casa. No se animaba a hacerlo en otro lugar. Siempre que lo hacía me dejaba alguna marca, la cual yo debía tapar para que nadie note que estaba ahí. Creo que inconscientemente, tapándomelas, le hacía un favor. Siempre tenía cicatrices o moretones, aunque muchas me los hacía en lugares que no estaban a la vista para que justamente nadie los viera.

Fueron muchísimas las veces que lo escuché decir “te prometo que voy a cambiar” o “por favor no me dejes”. Yo me creía sus llantos y sus promesas, me tenía totalmente neutralizada.

Me resulta muy difícil explicar cómo, pero me terminó lavando el cerebro y logró que me peleara con amistades y mi propia familia ya que el mundo solo corría a su alrededor y sin él yo no era nadie. Me hacía sentir inferior a él en todo sentido.

El final de la relación comenzó el día en que él volvió de vacaciones. Me enteré que al volver de la costa, había empezado una relación con otra chica llamada Macarena. Sentí muchísimo odio y tristeza.

A pesar de eso, nos vimos al día siguiente. Me acuerdo que tuvimos una discusión muy fuerte en su auto, la cual terminó sacando lo peor de él. Ambos estábamos insultándonos y de repente, Marcos me golpeó con un puño cerrado en el ojo. Yo me quedé paralizada porque no sabía qué era lo que debía hacer al respecto. Lo único que pude hacer en ese momento fue llorar y taparme la cara por un lado para tratar de aliviar el dolor y por otro para ocultar la vergüenza que me daba que me haya golpeado de esa forma tan brutal.

Solo pasaron unos minutos para que él me pidiera perdón de tal manera que parecía realmente arrepentido. Al ver esto pensé que la horrible situación había terminado, pero estaba equivocada. Encendió el auto de nuevo, y ya de noche, manejó hasta su casa. Me obligó a bajar y a pasar la noche allá. Me acuerdo que cuando entramos solo quería recostarme y dormir para olvidarme de todo por un rato, pero todo se puso peor.

Marcos me obligó a desvestirme y a tener relaciones sexuales. Yo hice todo lo que pude para impedirlo pero él me sostenía con tanta fuerza que no podía sacármelo de encima. También intente gritar, pedir ayuda, hacer notar lo que estaba pasando pero me presionaba la boca con su mano tan bruscamente que apenas podía respirar. Y esto no era todo, mientras me obligaba a mantener relaciones me repitió reiteradas veces “Macarena”, con quien entabló una relación terminada la nuestra.

Luego de estar toda la noche sin dormir y contando las horas que faltaban para que se hiciera de día, sin que Marcos se diera cuenta, logré salir de la cama y vestirme. Baje las escaleras, abrí la puerta y me fui a mi casa sintiendo un enorme alivio de haber salido de ese lugar.

Cuando llegue a mi casa no pude soportarlo más, rompí en llanto y le conté a mi mamá lo que había pasado. Necesitaba sacar todo. Recibir apoyo. Necesitaba a alguien que me sostenga en mi estado de debilidad anímica y física.

No me animé a denunciarlo en ese momento porque me tenía amenazada. Me decía “si me denunciás te voy a prender fuego a vos y a tu familia”. Era inexplicable el miedo que sentía.

Durante mucho tiempo estuve como en piloto automático, casi ni comía, no hablaba con nadie y no me veía con mis amigas.

El psicópata había cumplido su objetivo. Yo no quería vivir sin él, sentía que no iba a poder hacerlo así que me mantuve encerrada en la oscuridad de mi cuarto por un tiempo hasta que logré juntar toda la fuerza que podía para salir adelante e ir a denunciarlo. Además, el seguía mandándome mensajes y hasta había hecho que su nueva novia me odiara y contribuyera a hacerme la vida imposible.

Y así fue como sucedió. Me dirigí a la Comisaría de la Mujer donde lleve las pruebas de los mensajes y de las fotos obscenas que recibía diariamente. De ahí me derivaron al Polo Judicial de Avellaneda, en el cual hable primero con una psicóloga y luego con un juez.

Citaron a Marcos para declarar y días después pude ir a buscar la resolución. Esta era una orden de restricción de 200 metros por 3 meses. Además también prohibía cualquier tipo de contacto u hostigamiento virtual. Sabiendo también que había sido violento con sus anteriores parejas, me hubiese gustado que la justicia actué de otro modo. Pero por el momento estaba conforme.

Durante varios meses me olvidé de todo lo que había pasado hasta que Marcos cortó su relación con Macarena. Ahí fue cuando volvió a buscarme, y yo inocentemente caí en su juego.

Nos vimos varias veces a escondidas, pero él me seguía despreciando y yo perdía mi tiempo amando a alguien que solo me usaba.

Por suerte, conocí a Macarena, quien me contó que Marcos había sido violento con ella también. Me ayudó y me hizo entender que una persona violenta no cambia y que yo tenía que rehacer mi vida porque lo único que él me causaba era dolor. Se siente muy extraño ser amiga de la ex de tu ex, pero solo quien vivió una situación de violencia puede entenderte al 100%.

Luego de mucho tiempo de lucha y tristeza que afectó incluso mi salud, pude salir adelante y cada día que pasa me siento orgullosa de saber que mi vida vale más que una persona así.

(Visited 554 times, 1 visits today)