Escribo esto después de una discusión que me ha dado el valor para confesarlo.

Quiero dejar en claro que, en casa, jamás vi golpes de mi padre hacia mi madre o viceversa, ni tampoco me golpearon a mi bajo ninguna circunstancia.

Lo conocí luego de terminar una relación de 2 años, cuando tenía 21. En ese entonces consideraba la violencia de género como algo que la víctima permitía por estupidez, ahora entiendo que no es para nada así, que uno se envuelve en ese vicio. Y claro, él es 4 años mayor que yo, me cautivó con su belleza y su forma de hablar. Fui directamente hacia él y me llenó de detalles y regalos, me hizo sentir muy especial.

En todas mis relaciones fui muy libre y salía con amigos. Jamás había vivido celos y pensé que eso no me pasaría jamás. Así que, cuando comenzamos la relación, yo seguí con mis hábitos normales de ver a mis amigos y salir cuando tenía ganas, hasta que los celos llegaron. En ese momento, dejé de ser tan cercana a mis mejores amigos y dejé de salir ya que a él le incomodaba que tuviera amigos hombres y no sabía si yo “en una de esas le sería infiel”.

El primer foco rojo fue cuando uno de sus amigos me pidió mi mail para que le mandase ayuda para su tesis, yo accedí enviarle información y mi novio enfureció porque supuestamente eso era coquetear con su amigo.

Yo trabajaba y él recién había perdido su trabajo, así que traté de apoyarlo económicamente. Y no sólo eso, sino que era adicto, así que, por la depresión y el estrés que le provocó su pérdida laboral, tuvo una recaída. Ahí fue cuando comenzaron las peores discusiones, al principio lo apoyé, sintiéndome salvadora y pensando que sus reacciones eran por la abstinencia. En cada inseguridad emocional discutíamos y me decía que me dejaría, yo aferrada, le rogaba que no lo haga.

Hubieron más recaídas. La última fue en un cumpleaños mío.

Unos amigos me invitaron a verlos tocar con su banda, y de paso, festejar mi cumpleaños. Mi novio, por supuesto, no aceptaría y a pesar de querer ir, no fui y salí con sus amigos. Para mi sorpresa, ahí estuvo su ex novia. Ya cuando era tarde, me dejó en casa, confíe en él y regresó solo a la fiesta. Al otro día jamás pasó a buscarme como habíamos acordado, así que fui a buscarlo hasta su casa, pensando que le había sucedido algo, pero había recaído en las drogas.

Para cuando logró recuperarse de aquel episodio, yo me sentía muy insegura. Sus celos aumentaron, y no me justifico, pero dejó su contraseña a la vista y entré a su cuenta de Facebook para ver que encontraba. Fue entonces que me enteré que me había engañado con su ex novia en mi cumpleaños, eso me destrozó. A los pocos días lo enfrenté, le dije lo que había visto, y se puso violento porque había invadido su privacidad. Le dije que no quería estar a su lado un segundo más, que me llevaba mis cosas. Fue la primera vez que forcejeamos. Me pidió perdón y seguí con él.

En mi casa tenía problemas porque todo el tiempo la pasaba con mi novio y llegaba a deshoras. Cuando le conté sobre esto, me dijo: “ya no eres una niña, deberías poder volver a la hora que sea. Vente a vivir conmigo, así ya no tendremos que pedirle permiso a nadie para vernos”. Accedí causando un gran dolor a mi padre, quien me dijo que jamás volviera, yo absurdamente pensé que la convivencia sería un cuento de hadas, pero no.

El primer día fuimos al súper y al salir del lugar me pidió que le ayude a acomodar las bolsas, como me tardé, me dijo: “¿acaso eres tonta? Ya no eres una nena de casa, no eres una princesita ¿sabes qué? Mejor lárgate de regreso a tu casa”. De verdad hoy sigo recriminándome el no haberle hecho caso.

Y así siguió, a veces ratos buenos a veces malos. Un día, tras una discusión fuerte, me dio un empujón y terminé en el piso. Lo dejé pasar, simplemente lo bloqueé como si no hubiese pasado. Error, porque continuó pasando y mucho peor.

Ya no recuerdo cuantas veces más hemos discutido y llegado a los golpes, cuantas veces he sentido al otro día el cuello adolorido o las piernas con molestias de algunas patadas. Me siento terrible porque he llegado a responder con golpes también, he caído a ese nivel, soy un desastre emocional.

Me preguntarán, ¿por qué sigues ahí? Porque siempre, después de cada discusión, hay una etapa de sumo arrepentimiento, llanto y reconciliación. Y no puedo salir de este maldito círculo vicioso ni del chantaje emocional cuando te dicen: “es que también es tu culpa, tú me hiciste reaccionar así, si no me dijeras nada yo no me pondría violento”. Claro, tras la reconciliación todo es color de rosa, hay amor y comprensión. Dice que cambiará y lo hace por lapsos cortos, aunque sólo estoy a la expectativa de que vuelva a ocurrir y por supuesto a la defensiva. Cada vez que pasa quiero irme y hasta agarro algunas cosas, pero él frustra mis intentos, me detiene y ruega que no lo haga.

¿Alguien lo sabe? Nadie. Me vergüenza que sepan que aquella mujer fuerte no lo es, que vive esto constantemente, que mis padres vean que mi relación es un fracaso, y que mi padre, que nunca me golpeó, sepa que hay alguien que sí lo hace y lo peor, que lo he permitido.

Espero pronto salir de esta.

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