Este año, viendo un documental sobre el “Ni una menos”, me di cuenta que yo también había sido víctima de violencia por parte de mi papá. También pude darle las gracias a mamá por haberse separado a tiempo.

Mi mamá me contó varias veces cómo él fue con ella. Cuando eran más chicos, no la dejaba ver a sus amigos del secundario, ni la dejaba vestirse como ella quería, entre otras cosas. Además un día casi la atropella, mientras la insultaba desde la ventanilla del auto.

Papá es el típico hombre gracioso, que se las sabe a todas y a todo el mundo le cae bien. Claro que esto en casa no pasaba.

Desde muy chica me empezó a pegar por cosas insignificantes, como por ejemplo, no querer comer algo. También me decía cosas horribles hasta hacerme llorar, si no podía hacer algo era una inútil o una mierda de persona.

Tengo muy buena memoria y odio tenerla porque recuerdo cada golpe y cada insulto.

Una vez, siendo muy chica, no me dejó comer un segundo plato de comida argumentando que cuando fuese grande iba a ser gorda y ningún chico me querría. Tenía pensamientos muy machistas, como cuando me pidió que me cambie la remera porque, según él, estaba provocando a sus amigos.

A principios de 2012 mis padres comienzan su divorcio. Cuando todavía vivíamos juntos él se sentaba conmigo y me contaba las razones por las cuales supuestamente se separaban. Lo recuerdo contándome que mamá no quería tener relaciones con él, como si yo fuese su amigo. También hacía todo tipo de comentarios despectivos sobre mi familia materna o sobre las amigas de mamá. Yo me quedaba callada, escuchándolo atentamente, no me quedaba otra.

Cuando por fin se separaron me mudé con mi mamá a un departamento que quedaba a pocas cuadras de mi casa. Ella se justificaba diciendo que debíamos estar cerca del él por si lo extrañábamos. Hoy afirmo que deberíamos haber hecho todo lo contrario.

A pesar de vivir cerca, ese año no nos vimos mucho. Me acuerdo que se enojó muchísimo un día que no fui a comer con él porque era el cumpleaños de mi abuela. Comenzó a insultarme a mí y a toda mi familia, logró hacerme sentir culpable por no haber ido.

Cuando me egresé del secundario apareció en la entrega de diplomas, pero cuando lo fui a saludar ya se había ido. Igualmente, antes de eso, se había encargado de decirle a mi mama y a mi abuela que yo era una puta y barbaridades semejantes.

Al año siguiente, a mis 18, me dijo que no me iba a pasar más la plata que correspondía sino que me llevaría él a comprar lo que yo necesitase. Allí fue cuando, por necesidad, comencé a verlo más seguido. Solía ir a su casa a pasar el rato pero siempre terminaba insultando a mi mamá, a mi me entraba por un oído y me salía por el otro pero me resultaba incómoda la situación. A los pocos meses empezó a decir que ella era una adicta y que se inyectaba drogas. Creo que mi papá debería escribir un libro donde plasmar todas sus fantasías.

Un día me cansé y le dije lo que pensaba de él, le reproché todo el mal que nos había hecho como familia y lo mucho que me afectó esa situación.

Él todavía no lo entiende, es más, se hace la víctima y repite la frase “No sé por qué sos así conmigo, yo nunca te hice nada”.

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