Todo comenzó una noche después de salir de trabajar. Creo que jamás olvidaré esa fecha.

Antes de salir del trabajo, el chico que tanto me gustaba me invitó a salir a bailar. “Andá a tu casa, come, bañate, arréglate y te paso a buscar para ir a lo de mi primo Federico”, me dijo. Siempre tuvimos buena relación entre los tres, solíamos reírnos de cualquier cosa, éramos como amigos.

Cuando llegué a mi casa, me preparé y fui para la suya. Hicimos una previa tranquila, en la cual sólo tomé dos tragos, y salimos a bailar. Una vez en el boliche comencé a sentirme mal, entonces este chico me dijo que vayamos a su casa. Le dije que sí y nos fuimos.

Al llegar, nos acostamos y tuvimos relaciones. Todo iba normal y consentido, hasta que perdí el conocimiento, no recuerdo qué pasó a parir de entonces. Cuando reaccioné, horas después, estaba todo oscuro y había alguien sobre mí. Me pareció extraño porque el chico que estaba conmigo es flaco, y esta persona era de contextura más robusta. Allí me di cuenta de que era su primo, Federico, quien estaba abusando de mí mientras permanecía inconsciente. Empecé a gritar y a llorar mientras intentaba sacármelo de encima, pero no tenía fuerzas. El chico con el que estaba tardó en reaccionar y darse cuenta de lo que pasaba porque estaba en el mismo estado que yo: Federico había puesto pastillas en nuestros tragos, nos había drogado. Cuando él se dio cuenta, enloqueció y lo golpeó.

Pasaron días y yo continuaba callando, no le había contado a nadie y sufría en silencio. En ese momento, mis papás se habían separado y mi mamá estaba muy dañada por eso, no quería llevarle esa fea noticia porque la destruiría por completo. Así que seguí yendo a trabajar porque no tenía otra opción, ya que con eso ayudaba en mi casa, sabiendo que mi papá nunca estuvo y que mi mamá tenía que cuidar a mis hermanos.

Sinceramente fue un infierno trabajar en el mismo lugar que él y verle la cara todos los días, hasta me dejó con una infección que duró todo un mes. Me callé sólo para conservar mi trabajo, ya que Federico era uno de los dueños.

Ahora yo me pregunto ¿Sería verdad que había drogado también a su primo o él habrá tenido algo que ver? La realidad es que no lo sé. Sólo sé que hoy, sin la ayuda de nadie, puedo contarlo sin avergonzarme.

Pero esto no terminó ahí. Un día falté al trabajo porque tenía un turno con el médico y durante la mañana me llegó un mensaje de la encargada que decía: “Estamos de luto. Falleció Federico, lo mataron”. Por un lado, sentí alivio porque supe que nunca más volvería a abusar de una chica, pero por otro me hubiese gustado que pague, pero con dolor, ese mismo dolor que me hizo sentir aquel día, ese dolor que siento cada vez que leo historias de violaciones.

En cuanto se me dio la oportunidad de conseguir otro trabajo, me fui, alejándome de esa gente por completo. Salí adelante sola y con ayuda de esta página. Son los primeros a quien les cuento mi historia, mi familia no lo sabe y mis amigos saben muy poco.

Este es un mal recuerdo que probablemente nunca olvide, pero sé que la vida sigue y que, después de cada caída, hay que levantarse.

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