Fueron varios episodios violentos, es justo decir que no eran situaciones acordes a una relación en la cual hay amor.

Nos llevábamos 11 años.

El principio fue difícil para mí dado que yo era demasiado honesta y él no, lo comprobé el día en que abrí su Facebook y me encontré con que hablaba con otras cinco chicas. Lo peor de todo fue encontrarme con que todavía no había terminado su relación anterior, seguía de novio. Cuando fui a decírselo se excusó preguntando qué hacía yo revisando sus redes sociales, me hizo todo un sermón acerca de mi confianza para con él. También me dijo que mis amigos me llenaban la cabeza de cosas malas, que nada era como yo había leído.

A pesar de esto decidí continuar con la relación.

Cada tanto encontraba algún mensaje extraño en su celular pero él enseguida encontraba como justificarse, y yo, ante eso, no tenía ni voz ni voto.

Una tarde estaba esperándolo en la terraza del complejo donde vivía, como habíamos acordado. Por alguna razón llegó furioso y quiso sacarme de ahí como sea. Me agarró de los pelos, me tiró al piso y a los pocos segundos me levantó para volver a tomarme del cabello. Aunque dejó moretones y marcas en mi cuerpo esto no fue lo que más me dolió. Me sentía peor cada vez que me decía “puta”, cada vez que me hacía dormir en una colchoneta, o cada vez que me sentía obligada a hacer lo que él quería para no tener una pelea y evitar sufrir ataques de pánico, los cuales ya eran habituales en mí.

Según él mis amigos eran unos cualquiera, debía cambiarlos por gente que tuviéramos en común. Y como todos los hombres “me tenían ganas” no podía hablar con ninguno.

Resulta que todos estos problemas no solo los tenía conmigo sino que los había tenido también con su ex novia. Aún no se si la golpeaba como a mí, pero se que ejercía en ella un gran maltrato psicológico. Ni hablar de la relación que tenía con su hijo. Siempre decía que no tenía dinero para nada de lo que el niño le pidiera o necesitara, y no hablamos de un hombre humilde sin recursos, él era ingeniero y con un buen trabajo.

Ya hace un año que no estamos juntos, yo estoy tratándome con psicólogo y psiquiatra. Gracias a él, la sertralina, el clonazepam y la quetiapina ahora son mis mejores amigos.

La última vez que lo vi, estaba de novio. Me da escalofríos pensar que me propuso estar con él cada vez que se peleara con su nueva novia.

Yo creo, y no sé por qué, que todavía en algún punto lo quiero. Quizá deba atribuírselo a la entrega que tuve, y al cambio radical en mi personalidad. Creo que cuando cambias cosas importantes por alguien es difícil volver atrás, cuesta, pero supongo que se puede.

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