Nunca hablé esto con nadie, ni familia, ni amigxs. Nadie. Pero la bronca y el odio que me recorren por dentro todos los días de mi vida me hacen necesitar expresarlo.

Cuando era chica, 7 u 8 años aproximadamente, no lo sé con seguridad porque mi mente anuló parte de esto, mi hermano mayor me hacía ir al cuarto de mis papás, recostarme en su cama cerrando los ojos, me agarraba la cabeza y me hacía darle besos en el pito.

Por muchos años no entendí nada de lo que pasaba, no entendía por qué, cuando escuchaba a mis papás, él salía corriendo para que no vean que estábamos ahí solos. Nunca lo entendí hasta que crecí, y hoy me da asco, me da bronca, me da impotencia tener que verle la cara todos los días y que toda su vida haya fingido que nunca hizo nada. Me da asco que me pase por al lado, que me roce, escucharlo hablar, escucharlo respirar. Me molesta su presencia, su existencia.

Hoy, embarazada, me da asco pensar que mi hijx va a tener contacto con esta reverenda basura.

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