Siempre estuve del otro lado, leyendo casos en blog’s, escuchándolos por televisión o radio, hoy me toca vivirlo a mí.

Hoy puedo decir: sufrí violencia, pero no la que deja marcas visibles, sufrí esa violencia que te deja marcas psicológicas para siempre, la que te hace arrastrar una mochila de malos sentimientos. La violencia no se reduce a un golpe, un moretón o algún hueso quebrado, la palabra violencia tiene un significado inabarcable. No lo superé, todavía la sigo viviendo, pero quiero ponerle un fin, y lo más importante de todo: me di cuenta que sufro violencia, ya no lo oculto ni intento disfrazarlo.

Hace dos años conocía a una persona excelente, hace dos años (y menos también) de mi boca sólo salían palabras dulces y de amor dirigidas a esa persona. Hoy la realidad dista mucho de todo eso. Siempre fue sociable, sabía cómo caer bien, físicamente te compraba. Tenía la mezcla entre amabilidad, ternura y buena persona. Lo único ‘malo’ que podías llegar a encontrarle era lo caprichoso que era. Conmigo era muy diferente a lo que mostraba al resto del mundo. Y uno se queda por las promesas ‘Voy a cambiar’ ‘No va a pasar más’ ‘Perdón’ ‘Por favor’.

Tenía una mente perversa, oscura y sobre todo: muy retorcida. Me acuerdo que mi padre ayuda mucho a mi vecina y eso era motivo suficiente para que estén saliendo. O cuando lo llamaba y no atendía me decía ‘seguro está con la vecina’. Y siempre tenía un comentario para todos, sobre todos. El que usaba anteojos, el que estaba ‘gordito’, para el que medía menos de su metro ochenta y cinco. Siempre estaba buscándole la vuelta retorcida a las situaciones.

Él estaba en contra de todas las personas que me querían hacer ver la realidad, que se daban cuenta lo enfermiza que era mi relación, esas personas eran mis amigos. Siempre encontraba alguna forma para alejarme de la gente que me quería bien, o que simplemente a pesar de todo aceptaban mi relación pero no lo aceptaban a él. Se aburrió de insultar a mi familia, a mis hermanos, a mis amigas y amigos. Encontraba siempre la forma de psicopatear tanto que terminaba creyendo y cediendo ante lo que pedía. No puedo contar cuanta gente fui dejando en el camino, cuantos desaparecieron de mi vida a lo largo de todos estos. ‘Este te quiere dar ¿no te das cuenta?’ ‘Este te está usando’ ‘Está nos quiere separados ¿no te das cuenta que me tira onda?’ ‘Seguro te lo cogiste, por eso lo tenés en todos lados’. Todos los días eran así, todos los días había un tema de discusión, y no lo había, lo inventaba. Había una discusión sobre quién me agregaba a Facebook -aunque yo no controlaba eso-, pero si era de culpable de tener una foto ‘demasiado provocadora’ de perfil, aunque quizás la foto era con él.

Me acuerdo de haberme encontrado con mensajes de gente preguntándome ‘¿Por qué me eliminaste?’ y yo sin saber qué decir, el dueño y señor de todas mis claves, borraba y agregaba gente a su antojo. Me acuerdo de sus mentiras, sus noviazgos inventados, mensajes inventados. Me acuerdo de cada vez que me sentó a decirme ‘Mi compañera de trabajo me tiró onda’ y me cargaba todos los cartuchos para que yo vaya y le diga algo. Agradezco nunca haber llegado tan lejos. Recuerdo todas las escenas de celos. Recuerdo cambiarme de ropa antes de salir por tener ‘demasiado escote’ ‘demasiado corta esa pollera’ ‘esa ropa es de nena, no sos una mujer’. Recuerdo absolutamente todo, mientras escribo me viene a la cabeza cada situación.

Recuerdo que me mostraba los mensajes que tenía con sus amigos en que le cuestionaban estar conmigo porque ‘la ex tenía más tetas’ o que ‘estaba muy gorda’ y el podía aspirar a algo mejor. Me lo mostraba y se reía. Llego un punto que no comía para no estar ‘gorda’, caminaba mirando el suelo porque cualquier mirada era ‘tirarle onda’, no estaba en ningún grupo de WhatsApp porque ‘lo estaba cagando’. Una vez le conté que tenía un profesor muy amable que me explicaba muy bien, su respuesta fue: ‘Seguro te quiere dar, cámbiate de facultad’

Recuerdo que en cada pelea no podía cortar, tenía que colgarme al teléfono dos horas hasta que se le pasara porque si cortaba, recibía 80 llamadas en 10 minutos, mensajes, amenazas que me iba a dejar. Recuerdo los mensajes diciéndome que ‘Yo no era suficiente’ y dos más atrás pidiéndome disculpas, que estaba mal y era una mala situación. Recuerdo ser la culpable de cada discusión. Yo era la culpable de todo. Recuerdo nuestra primera pelea, la primera mentira. Yo le había preguntado si había estado con una persona específica y me lo había negado a muerte. Un día encontré una foto de ellos juntos, no le quedó otra que admitirlo, me pidió perdón llorando, cuando se dio cuenta que no llegaba a nada, se enojó él alegando que yo no le daba ‘suficiente seguridad’ para que sea honesto conmigo. Ahí me tendría que haber dado cuenta que era un psicópata. Pero todavía no era tiempo de salir del infierno, tenía mucho más reservado.

Le siguieron los celos. Yo siempre tuve muy buena relación con mi ex y lo tuve que borrar de todos lados. Seguramente quería estar conmigo a pesar de haber formado una pareja nueva y tener un bebé. A él eso no le interesaba. Todavía no era tiempo, el infierno me tenía mucho preparado.

Recuerdo conocer a los padres, igual de psicópatas que él. Me manipularon toda la relación. No tenían acceso al hijo y me usaban como un filtro ‘Decile que haga tal cosa’ ‘Hoy vayamos a comer a tal lugar’. Y yo, tonta, lo hacía. Ahora veo que tiene a quien salir.

Recuerdo nuestras primeras vacaciones, el drogándose en el baño y yo esperándolo afuera, sin poder dormir, ni estar tranquila. La gente drogada no mide nada. No mide el dolor que ejerce cuando te agarra el brazo, no mide lo dolorosas que pueden llegar a ser las palabras que dice. Siempre me dije ser atea, pero esos 7 pedí a todo el mundo que no pasara nada.

Dirán que porque no me fui con todo eso… ahora hablo y me expreso porque me di cuenta, cuando estás en una relación enfermiza, el enfermo te consume psicológicamente, vos siempre estás mal, vos sin él no sos nadie, él el único capaz de hacerte feliz, vos mereces que él te basuree, te golpee y te maltrate. Vos te enfermas tanto o igual que él. Hoy creo que el psicópata es una de las personas más inteligentes, porque te manipula a su antojo. Al final sos una marioneta dispuesta a todos sus antojos.

Sigo recordando, me sigue doliendo.

Me sigue doliendo que hasta el día de hoy no me deja ser feliz. Sigue inventando historias que no son, sigue inventando personas que no son. Sigue inventándose una vida que no es, que no vive, que no tiene.

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