Recuerdo, enferma, el miembro de mi padrino en mi boca. Tendría alrededor de 6 o 7 años, él 16. Me veo también bajando por la escalera, después de que mi hermano abusara de mí. Me recuerdo a mí misma intentando hablar, al mismo tiempo que me llamaban “mentirosa”.

Por todo eso me encerré en mi misma. Hice lo imposible para hablar sobre ello, pero nadie me escuchó. Ni mis maestros, ni mis padres. No sé si fue que no me entendían o que no querían hacerlo. Sólo sé que yo, por dentro, sufría.

En mi adultez conocí al padre de mis hijos, quien me violó y me golpeó reiteradamente. Tuve una cirugía por hemorroides producto de los abusos.

Hoy uno de mis hijos es tan violento como él, y me duele porque siempre me esforcé en explicarle que no debía serlo. Sigo en el sistema del horror donde nadie me ve siendo víctima. Vivo encerrada en mi casa, sola, esperando que no me vuelvan a lastimar nunca más. Me separé físicamente, pero mi cabeza sigue conmovida por tanta falta de amor.

No entiendo por qué todo a mí, no entiendo tanto horror.

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