Quizás mi historia sea muy light, pero lo fue sólo porque un golpe me abrió los ojos.

Comenzamos a tratarnos más cuando me encontraba en plena fractura matrimonial. Él, como una nueva luz en el camino, sabía todas mis carencias y necesidades gracias a que yo le contaba mucho sobre mi matrimonio. Ahora sé que eso fue un grave error porque lo ayudó a camuflar esa horrible personalidad que aún tiene.

Desde el principio se encargó de estudiarme de memoria para lograr tenerme a su lado y ser una sumisa que no reclama por nada y está a disposición para todo.

Juró que me amaba como nunca antes había amado a alguien. Pero, a pesar de eso, él siempre necesitaba más. Al parecer, yo no valoraba todo lo que él hacía por mí, ni tampoco apreciaba el tiempo que pasábamos juntos. Ni hablar de cuando teníamos relaciones sexuales, nada lo saciaba y yo debía estar ahí para él como sea.

Todo esto me hizo sentir “rara”, notaba que algo no andaba bien y por eso quise alejarme. Por otro lado, estaba recién separada de mi anterior marido, todavía no me sentía preparada para tener una relación formal.

También me tenían cansada sus amistades, siempre estaba rodeado de supuestas amigas quienes vivían teniendo “crisis” y lo sacaban de mi lado a toda hora. La mayoría de las veces me mentía y me decía que iba a otro lado pero yo tenía bien en claro donde estaba y con quien. Claro que si yo me encontraba en una situación que él considerara sospechosa hacía un escándalo.

Cuando decidí plantearle todo esto, entre insultos, me dijo que era una mal agradecida por querer dejarlo y muchas cosas horribles.

Su excusa para todo era que no recordaba lo que había hecho, yo le dije que era porque tomaba demasiado. Aparentemente no le gustó nada que yo insinuara que era alcohólico, entonces arrancó a discutir de un modo muy agresivo. En ese vaivén de insultos, me golpeó en la cara. Yo por dentro me preguntaba dónde había quedado ese hombre amoroso y entregado.

Finalmente pude alejarme de él y no lo volví a ver.

Como dije al principio, ese golpe me bastó para darme cuenta de la relación en la que me estaba metiendo.

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