Cuando conocí a Martín quede realmente deslumbrada. Era 18 años más grande que yo. Tenía la dosis exacta entre reo curtido y caballero de mundo, un hombre lleno de experiencia. Creo que eso fue lo que más me cautivó.

Estuvimos juntos por cinco años.

Al comienzo de la relación, como siempre, todo era perfecto. Hasta me ofreció sumarme a su proyecto de negocios, así mis horarios serían más flexibles, no dependería de un sueldo y podríamos pasar más tiempo juntos.  Sin darme cuenta, al acceder, perdí mi independencia económica y comencé a arruinar mi vida.

Con el tiempo fui convirtiéndome en un ama de casa. Me ocupaba de todo lo que él era incapaz de hacer, y solo me abocaba a las tareas del hogar, el cual debía estar siempre impecable y prolijo. Me sentía una esclava a tiempo completo.

El maltrato se iba haciendo cada vez más visible y, al mismo tiempo, me alejé de mis amistades con la excusa de que debía permanecer en nuestra casa para ayudarlo y servirle.

En el invierno de 2013, Martin sufrió una fractura grave en su pierna y pasó a depender de mí casi por completo. A veces pasaba días sin dormir por asistirlo. Le daba su medicación, lo llevaba al médico, y hasta lo ayudaba a ir al baño pero nada le alcanzaba. Según él hacía todo mal.

Así llegué a pesar 45 kilos. La comida no me pasaba por la garganta ya que me aterraba la idea de que él me dejara. Me sentía agobiada, podía pasar horas cocinando, pero siempre se mostraba disconforme.

Martin solía llamarme por teléfono a toda hora para ver qué estaba haciendo y con quién. Si la respuesta no le era satisfactoria, me culpaba de haber estado viéndome con otros hombres más jóvenes. También decía que iba a dejarme porque estaba viejo para mí, eso me desesperaba porque no podía imaginarme una vida sin él.

En otras ocasiones bromeaba acerca de cómo provocaría mi muerte. Esto me generaba escalofríos en todo el cuerpo.

Debido a su trabajo, pasábamos algunos meses en Buenos Aires y otros en el sur del país. Nos manteníamos en transición constantemente.

Durante una de estas épocas de mudanza, me enteré que estaba embarazada. Con mucha ilusión llamé a Martin para contarle la feliz noticia, pensaba que un bebé nos uniría pero lo único que recibí de su parte fueron insultos despectivos. Me dijo que “eso” que llevaba en mi vientre no era de él. A la hora volvió a llamarme para pedir disculpas y excusarse. No sé qué habrá pasado en el interín. Nunca me enteré. Me dijo que esa misma noche viajaría a Buenos Aires para poder festejar.

A los dos días de haber llegado comenzamos a discutir y la situación se le fue de las manos. Por primera y única vez, Martin ejerció daño físico sobre mí. La golpiza fue tan brutal que perdí mi bebé.

Luego de semanas sin tener contacto, volví a encontrarme con él. Le comenté que había comenzado a trabajar porque necesitaba tener la mente ocupada después de tanto dolor. Él solo me dijo que no me imaginaba trabajando, dado que yo era una inútil. Además, me avisó que había rescindido el contrato de nuestro departamento y que tendría que dejarlo en los próximos 3 días, ya que ahora tendría dinero para mantenerme sola. Como consecuencia de esto termine viviendo en la casa de una amiga, quien fue de gran apoyo para mí.

No supe más nada de Martin hasta marzo del 2014, cuando me llamó y me dijo que había conocido a otra mujer y que lo nuestro había terminado.

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