Empezó siendo la relación a distancia más fuerte del mundo. Compartimos un hermoso año lleno de anécdotas, de coincidencias y sobre todo de lo que creí que era amor.

Cuando nos volvimos a ver, sus actitudes cambiaron. Si usaba short su mirada de enamorado no era la misma, si me planchaba el pelo me preguntaba para que lo hacía. Pasé 3 meses conviviendo con él hasta que la distancia estuvo entre nosotros nuevamente. Una vez en mi ciudad, dejé de salir, dejé de juntarme con amigas, dejé de hacer cosas que me hagan feliz porque por alguna razón a él le daban bajones emocionales cada vez que le comentaba que estaba feliz por algo. Me sentía culpable de todo lo que hacía o dejaba de hacer.

Había pasado 1 año y medio desde que comencé esa relación que todos catalogaban de perfecta. Me acuerdo que era sábado por la noche y una amiga me pidió que la acompañe a un bar. Después de mucho pensarlo, acepté. Le conté a mi pareja y comencé a prepararme, él me había dicho que lo único que pensaba hacer ese día era estudiar, me recalcó que él no iba a salir con sus amigos porque no se sentía bien. Por último, me dijo que estaba triste y que me necesitaba. En fin, comencé a maquillarme y le comenté que estaba contenta porque había logrado un delineado casi perfecto, así de insignificante fue el hecho que me llevó a conocer a la persona que tenía a mi lado. Comenzó preguntándome para qué me maquillo si nunca me maquillaba estando con él. Concluyó con la frase: “vos te maquillas para levantar pibes porque te encanta que te miren y que te encaren, por eso usaste short todo el verano, porque también te encanta mostrar el culo”. No salía de mi asombro, ese día no hablamos más, no supe que hacer. La persona que me amaba me cuestionaba y me hacía sentir culpable de todo lo que hacía, esa fue la peor parte, el sentir que yo era culpable de su enojo.

Pasaron las semanas y no lograba recuperarme de esa frase, me había shockeado tanto que seguía sin creerlo. Pasó un mes y medio, y decidí termina la relación. Costó, me insistió, me llamó cientos de veces y me escribió durante 2 semanas pidiendo perdón por sus comentarios. Se había terminado definitivamente, hasta que nos volvimos a ver. Vacacioné siempre en la misma ciudad y no porque él viviera ahí iba a cambiar mi vida.

Nos encontramos, hablamos y caí de nuevo. Pero duró sólo una semana, no podía olvidarme de sus actitudes y le pedí que no me moleste más. Ese mismo fin de semana salí a bailar y me volví a casa con un amigo. Eran las 5 de la mañana y estaba sentada en la vereda de mi casa con él. Recuerdo como si hubiese sido ayer el momento en que lo abracé y por sobre su hombro vi a mi ex parado en la esquina, acercándose hacia nosotros. Le pedí a mi amigo que se vaya, no iba a hacerlo parte de esta situación y supuse que iba a poder controlarla. Una vez solos le pregunté que necesitaba y por qué me había perseguido hasta mi casa. Fue entonces que comenzó a llorar, diciendo que me había burlado de él y que le tenía que dar explicaciones. Me dijo que me amaba y que quería estar conmigo, que yo sea sólo de él. Le pedí que se fuera, que la relación había terminado hace mucho, que no quería verlo, que no tenía que darle explicaciones porque no tenía por qué hacerlo. En ese momento me agarró del brazo y comenzó a gritarme: ¿¡Qué hacías con ese pibe!? Logré que me suelte y volvió a agarrarme, entonces comencé a caminar hacia lo de mi primo y en cada paso me agarraba y me daba vuelta gritándome cosas horribles. Hice una cuadra que me pareció eterna y tuve la suerte de encontrar a mi primo y pedirle ayuda, pero aun así, delante de él, mi ex novio continuaba tirándome del brazo. Únicamente cuando mi primo lo amenazó, desistió y se fue. Al volver a casa tenia mensajes y llamadas de él, lo bloqueé de todos lados, a él y a su familia.

A las semanas vinieron unos amigos suyos a hablarme pidiendo que no me aleje de ellos ya que eran mis amigos también, sabiendo todo lo que pasó decidieron apoyarme a mí y no a su amigo. Parece ser que todos conocían su carácter de violento y me tocó vivirlo en primera persona.

Así empieza, con un cuestionamiento, un comentario, y después se apodera de todo. El violento no te demuestra lo que es en primer mes de “amor”, va tejiendo sus redes hasta el último minuto. Tuve la suerte de darme cuenta de todo, lo que en un momento pensé que era amor o “protección” en realidad eran celos y control. Yo pude darme cuenta y no seguir, pero hay muchas relaciones hoy en día que esconden violencia tras una cortina de “amor” y es muy normal en las relaciones adolescentes, en las que el control está completamente naturalizado.

Por eso, aun recuperándome de esta relación, puedo decir que a ese chico violento y manipulador que me juraba nunca ser como su padre, no lo quiero NUNCA MÁS A MI LADO.

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