Todo lo narrado a continuación fue vivido en piel de mi madre, la mujer más bella, dulce y fuerte que puede existir:

“Tenía cerca de 15 o 16 años cuando empecé a salir con un chico dos años mayor que yo. No pasó mucho tiempo hasta que apareció una hermosa personita en nuestras vidas, mi hijo de ahora 25 años.

Leonardo, mi primera pareja, tenía la costumbre de golpearme en los pechos por “diversión”; ahora sufro de quistes crónicos por culpa de ello.

Pasó un año y me casé -obligada- con este hombre, pero luego conocí a Juan Pablo. Él tenía 19 años más que yo y fue la persona más dulce y atenta que pude haber conocido en la vida, o al menos eso me parecía. Por ello, al poco tiempo, me separé de mi marido.

Este hombre acompañó la crianza de mi primer bebé, cubriendo gastos y cumpliendo función de padre, no como Leonardo, su biológico. Pero pronto sus demonios comenzaron a salir: resultó ser alcohólico y tener problemas con las drogas. Pronto empezó a insultarme y a degradarme a todo momento y en todo lugar. Cuando se emborrachaba me tomaba del pelo y azotaba mi cabeza contra la pared hasta dejarme inconsciente, casi muerta.

Recuerdo una noche en la cual me desnudó y me quiso sacar a la calle y dejarme ahí fuera. Otras veces me golpeaba con sartenes, me quemaba cigarrillos en la piel o me cortaba con cuchillos.

Mi hijo ya contaba con unos 8 o 9 años a ese tiempo, pero él no vivió nada de eso ya que se fue a vivir con su abuela, madre de Leonardo.

Una noche me sostuvo contra la pared, amenazándome con que, si cerraba los ojos, me iba a quemar con un cigarrillo. Estuvo así una hora.

Yo lo amaba porque a pesar de todo era una persona dulce y siempre dio lo que no tuvo a gente que necesitó y pasó por crisis económicas peores que la nuestra, que cabe decir, era lastimosa. Llegué a acostarme con hombres por dinero para que él tuviera su cerveza de todos los días porque me obligaba.

Todas las cosas que viví con ese hombre fueron horribles e innombrables. Violencia física, sexual, psicológica, todo marcó mi piel hasta el día de hoy.

Hace dos años le dio un ACV y aquí sigue. Mientras tanto, yo sigo limpiando sus excrementos con amor como el que siempre sentí hacia él. No puedo perdonarle todo el daño hecho, pero no tengo la actitud de dejarlo, ni siquiera en este estado. A pesar de todo el daño que le hizo a mí y a mis hijos, también tuvo su lado caballeroso.”

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