Me encontraba sola y triste cuando lo conocí. Mi novio me había dejado ese mismo día y no tuve mejor opción que romper en llanto en plena calle. Fue entonces que este chico se acercó, me consoló y me hizo sentir mejor sin siquiera conocerme. En aquel entonces yo tenía 15 años y él 17.

Luego de hablar un rato, descubrimos que vivíamos muy cerca y nos empezamos a ver, sólo nos juntábamos  y charlábamos sobre la vida. Él parecía muy maduro. Solía contarme sobre su novia, con la cual las cosas no iban muy bien.

Un día fui a su casa, como ya había ido muchas veces, y me contó que se había separado. No me molestó cuando me besó ni cuando me abrazó, hasta me gustó en ese momento. Casi siempre me abrazaba de una forma no muy amistosa, me sentaba encima de él o a veces simplemente trataba de tenerme cerca. Yo no tenía mucha experiencia, no sabía que sentir, ni siquiera me lo cuestionaba. Pero lo que empezó como un beso inocente, terminó en una violación.

Él solamente me ignoró, quería tener sexo cueste lo que cueste. Me separó las piernas y me penetró. Así como suena, de un golpe seco. Yo no podía parar de llorar, me dolía mucho, temblaba del miedo y me sentía indefensa mientras él me sostenía de las muñecas. Siguió hasta que mis gritos y mi llanto lo pusieron nervioso, entonces paró y me dejó ir. Recuerdo haberme puesto el vestido a las apuradas porque tenía que llegar en cierto horario a mi casa.

Por un tiempo, no sé por qué, pensé que eso había sido normal, que seguro era así la primera vez. Pero una sensación horrible se gestaba en mi interior, un sentimiento que me hacía querer terminar con mi vida.

Cuando se lo conté a mi psicóloga, meses después, ella me ayudó a darme cuenta de que se trataba de violación. En cuanto me lo dijo, supe que yo lo había sabido todo el tiempo, pero no había querido aceptarlo.

El tiempo pasó y tuve una relación de dos años con otro chico, pero los recuerdos de ese día me impidieron tener sexo con él durante mucho tiempo.

Hoy, con casi 18 años, todavía me asaltan imágenes y recuerdos en sueños. Sé que mi vida está mejor, que sané un poco y que no estoy rota, a pesar de todo. Él me violó y me robó todo rastro de inocencia, pero no me robó la voluntad de vivir.

Sólo quiero que cualquier mujer que lea esto, se aferre a mis palabras: no estás rota. No te arruinó la vida, sos una mujer fuerte, especial y tenés todo por delante. No te rindas.

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