Escribo esto porque estoy harta. Harta de vivir con miedo, de no saber si vuelvo o no. De ir temprano a todos lados porque de noche, lamentablemente, siendo mujer es peligroso. Harta de que digan que somos unas exageradas. Harta de tener que tomar mil precauciones. Harta de tener que cambiar el camino porque hay cuadras por donde me da más miedo pasar que otras, por alguno que me grita o me mira con esa mirada. Esa mirada que odio tanto, que te mira fijo como intimidando, hasta que te vas y ya no tenes que verlo más.

Estoy harta de cambiar de parada porque alguien viene y te acosa, se te acerca mucho o te quiere tocar. Sí, me pasó a mi, no me lo contó nadie. Tuve que cambiar de parada, irme más lejos porque a ese alguien se le ocurrió que podía venir todos los días y acercarse tanto a mi cara que me ponía muy nerviosa, que intentó tocarme las piernas sin mi consentimiento, que me contaba historias subidas de tono y aún diciéndole que no se me acercara más o que me molestaba que viniera dejó de hacerlo. Pero claro, es un viejito que parece inofensivo y enfermo, que saluda toda la cuadra, quién se lo iba a esperar. Y todavía me lo cruzo en ocasiones, con miedo de que alguna vez estemos solos en la calle y se quiera cruzar. Me saluda de lejos, como si estuviera todo bien.

Y como esa historia me pasaron varias más, y no es por hacerme la linda, porque nos pasa a todas. Todas las mujeres que conozco tienen una historia así para contar ¿Saben lo triste que es?

Cuando tenía 15 años iba caminando al colegio ya que vivía cerca. De un momento a otro sentí que alguien caminaba atrás mío. Como es habitual cada vez que veo a un hombre detrás, aceleré el paso. Y sentí que aquellos pasos también lo hacían. Cuando quise darme cuenta, me apretó, me tocó la cola y salió corriendo. Era un hombre grande ¿Qué le pasa por la cabeza para hacerle eso a una nena? Porque era eso, una nena que ni siquiera gritó. Me volví llorando, sintiéndome un asco. Sí, yo me sentía así. Y sé que el muy enfermo se debe haber ido riéndose por lo que hizo.

También estoy harta de aguantar que me apoyen en el colectivo, eso me pasó cientos de veces. Y están los que dicen que bueno, en un colectivo es “normal” rozarse.

En un boliche, por no querer bailar con uno, me apretó muy fuerte del brazo para que no me vaya y me quedó doliendo. Ese mismo idiota, más tarde, me agarró de los brazos para que le diera un beso y no me soltaba por más que de mi boca salieran puros: “no quiero”, “soltame”, “¡no!”. Estuvimos forcejeando hasta que me pude zafar. Este recuerdo me hizo llorar muchas veces, es más largo pero no quiero dar muchos detalles. Cuando conté esto me preguntaron por qué no le di el beso así me soltaba. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que hacer algo que no quiero para que no me moleste más? Y esa misma persona debe andar por la vida lo más tranquilo, sin saber o sin importarle lo que me hizo pasar.

Una vez tuve que correr porque uno en una moto no me dejaba cruzar la calle. Se paró y se quería bajar, me estaba arrinconando y me decía que me quería hacer el orto y si me gustaba la pija. Hasta me da asco acordarme y escribir esto.

Hombres grandes, de mi edad, podría ser su hija y hasta nieta, los nenes del frente de mi casa que deben tener menos de 10 años y ya gritan lo que se les ocurra, cosas que aprenden, que ven. Y tengo que quedarme callada, con toda esa bronca adentro. Me da miedo contestar, no se cómo van a reaccionar. Sólo me limito a caminar más rápido y alejarme lo más que pueda.

Odio que mi mamá se preocupe, y por ahí me molesta que me pregunte tantas veces si llegué o me llame si me olvidé de avisar. ¡Que egoísta soy!. A veces me confío, me olvido de no ir tarde a la parada, de volverme temprano porque se que tengo que caminar cuadras largas hasta mi casa. Cuadras en las que no puedo explicar la adrenalina que tengo y el alivio que siento cuando estoy llegando. Hasta que me pasa algo otra vez y me doy cuenta que cómo pude haberme colgado hablando con mi amiga, cómo pude haber tardado tanto en arreglarme que se me hizo de noche para irme a la parada.

Y lo que mas odio es que me hagan sentir y pensar que si no fuera mujer la vida sería más fácil ¡con lo hermoso que es serlo! Desear tener pito para que no me hagan pasar por esto, ni a ninguna de mis amigas, compañeras, hermanas. Porque no es sólo a mi, no es por mi, es a todas.

Yo se que escribiendo esto no va a cambiar nada, pero por lo menos no me quedo callada como siempre que me pasa algo, que me humillan o siento como se cagan de risa de mi y de todas, como si no fuera tan grave. Y así también las personas que piensan que soy una miedosa o exagerada, me entiendan un poquito más. Obvio que no, porque no estuvieron ahí, porque no les pasó. Ojalá tomen conciencia y realmente algún día cambie esto porque ya no se puede vivir así y si bien me pasaron todas estas cosas que fueron horribles. Podría haber sido peor y hoy no la estaría contando, como le pasó a tantas chicas.

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