A los 14 años conocí a mi primer novio, juraba que era el amor de mi vida.

La relación duró aproximadamente 5 años. Los primeros dos fueron muy lindos, con altos y bajos, pero nada fuera de lo normal.

A medida que fueron pasando aquellos dos años, él comenzó a tener actitudes bastante violentas. Al principio eran solo gritos, pero luego llegaron los golpes.

La primera vez que me golpeó fue una tarde en la que descubrí que me había engañado. Decidí reprochárselo porque estaba muy enojada, no podía entender por qué lo había hecho. Fui a buscarlo y cuando apenas había pronunciado dos palabra, me golpeó contra la reja de su casa. Sinceramente, en ese momento, pensé que había sido culpa mía, por ser muy apegada a él. Me pidió disculpas y me dijo que nunca mas pasaría algo similar, yo le creí.

Un fin de semana decidimos ir a la playa para tratar de reconstruir un poco la relación. Yo seguía desconfiando de él luego de aquella infidelidad, es por eso que, cuando se quedo dormido, tomé su teléfono y las sospechas terminaron. Andaba con otra mujer. Fui a despertarlo y le dije de todo. Me dio un golpe en la cara y me dijo que lo merecía, por haberme metido en sus cosas.

Después de 5 años tuve la valentía suficiente como para terminar con la relación. Lo hice porque me enteré que otra chica estaba esperando un hijo de él, sino vaya uno a saber si seguiría atada a ese chico.

Ahora puedo afirmar que vivo mas tranquila, pero, sin perjuicio de ello, sigo sin poder rehacer mi vida completamente ya que aún tengo miedo de que me pase lo mismo con otro hombre.

Una relación así nunca se olvida.

 

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