Tuve una relación que duró años, en la cual sufrí violencia psicológica casi a diario. Todo se lo atribuía a que él tenía una vida difícil en su casa, y por eso creía que iba a cambiar. Pero adivinen, jamás cambió.

Mi hijo fue fruto de una noche en una discoteca, en donde fui drogada y llevada a casa por él. No tuve la oportunidad de cuidarme porque ni me enteré de lo que había pasado. Cuando descubrí que estaba embarazada, él se mostró feliz. Por miedo a las represalias que mi familia pudiera tomar sobre el asunto, les oculté mi embarazo, apegándome mucho más a él.

Fueron 7 meses de atropellos y humillaciones. Jamás me ayudó en nada y estuve completamente sola con todos los gastos.

Cuando mi familia se enteró, volví a mi casa. Pero a las dos semanas, por celos, me dio una golpiza en la que casi nos mata a mí y a mi bebé. Me corrió a las patadas de su casa a las 11 de la noche, amenazándome de muerte. Todo porque decía que me arreglaba mucho y que seguro era porque andaba buscando hombres. Gracias a Dios, mis padres llegaron y me sacaron de ahí. Si no fuera por ellos creo que ni mi hijo ni yo estuviéramos vivos.

Ese día terminé en el hospital con riesgo de aborto. Lo denuncié, pero como él es de una familia poderosa que está metida en el Gobierno, no hicieron nada.

Cuento esto porque sé que hay muchas mujeres en la misma situación y quiero decirles que no están solas. El violento nunca cambia, y depende de ti sobrevivir. Busca ayuda y denuncia.

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