Crecí con mis padres y mis 6 hermanos, 3 mujeres y 3 varones. Cuando cumplí mis 14 años me empezaron a llamar la atención algunos chicos, entonces mi mamá me pidió que hablar con mi papá sobre el tema. Él siempre me daba consejos y me explicaba cómo eran los hombres. Hasta que cumplí 15 y me empezó a tocar y a besar para que “aprendiera”, me decía que estaba bien.

Todas las noches la situación era la misma, venía cuando mis hermanos dormían para que nadie escuchara nada. Le conté a mi mamá pero me dijo que era imposible que él me hiciera eso, entonces pensé que si mi madre no me creía, nadie más lo iba a hacer.

Cuando cumplí 16 años, le salió un trabajo lejos de mi casa y fue un alivio. Cuando volvió de su viaje hizo como si nada hubiera pasado, pero nunca más volví a acercarme a él.

Hoy tengo 28 años y aún no puedo olvidar lo que me pasó. A mis 2 hijas les vivo hablando del tema porque no confío en nadie.

 

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