No sé cómo contar esto, supongo que es porque lo habré contado una o dos veces nada más. Tampoco lo recuerdo bien, y eso en parte me alegra, pero todavía hay algo que me resulta inconcluso.

No sé con exactitud qué edad tenía, pero calculo que entre 4 y 6.

Los domingos al mediodía siempre nos reuníamos en casa de mi abuela con la familia. A veces iban mis primos más grandes y otras tantas sólo mi primo menor con sus padres. Recuerdo que, al terminar de comer, yo iba al cuarto de mi abuela porque siempre me dejaba una silla para que me sentara a ver dibujos animados. El problema recaía en que mi primo menor me seguía y me hacía sentar sobre él para así poder manosearme mientras mirábamos la tele.

Lo único que recuerdo con precisión es el miedo que me daba ir a ese cuarto, hasta a veces demoraba la comida para que no me preguntasen si quería ir a ver la televisión.

Terminaron descubriendo lo que mi primo hacía porque también abusaba de mi prima, pero no hubo castigo alguno porque “tenía problemas”. Al final, estos “problemas”, terminaron acabando con él y se suicidó.

Yo nunca lo enfrenté ni dije nada al respecto, siempre lo traté como si nunca hubiese pasado nada. A lo largo de mi vida me cuestioné por qué no había quedado tan traumatizada, pero hoy en día encuentro más demonios en mi mente de los que tenía en ese entonces.

Toda esa secuencia de recuerdos vuelve a mí una y otra vez, y me pregunto qué más habrá pasado…

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