Ya pasaron más o menos 10 años de esto que voy a contar. Hoy tengo 31 años y siento que mis heridas ya sanaron ¿Cómo lo sé? Simplemente tengo la capacidad de contarlo sin que me duela.

Él era hijo de unos vecinos que se habían mudado hacía poco. Era muy guapo y tenía tres años menos que yo. Nos conocimos y al poco tiempo ya teníamos una relación seria, fue mi primer novio.

Cuando llevábamos casi dos años juntos, la pesadilla comenzó. Él con ataques de celos. Las cosas se le iban de las manos. No me permitía caminar con la cabeza en alto porque decía que estaba viendo a los hombres que venían de frente. Progresivamente a sus advertencias y prohibiciones se le sumaban cachetadas. Supongo que así fue como me golpeó la primera vez, sinceramente no recuerdo muy bien.

Revisaba todas mis cosas. Llamaba o mandaba mensajes cada cinco minutos y si no contestaba salía a buscarme. También me vigilaba a toda hora fuera de la universidad.

El día en que le dije que estaba embarazada se puso muy mal. En realidad no me acuerdo si estaba triste o enojado. O las dos. Lo cierto fue que me obligó a abortar porque según él, iba a querer más a ese bebé que a él. No lo soporté.

Decidí terminar la relación y se volvió loco. Sacó un revólver y me apuntó diciéndome que volviera con él. “Te voy a matar y después me pego un tiro, y listo”. El miedo se apoderó de mi cuerpo y asentía ante todo lo que me indicaba. Volví con él, por miedo. El círculo vicioso del violento había comenzado.

Soporté otro año más lleno de golpes, insultos y humillaciones. En un momento me enteré que había conocido a otra mujer. Más tarde me enteré que las golpizas que le daba eran todavía más brutales que a mí.

Hoy estoy felizmente casada y tengo un hijo de cinco años.

Mi esposo es un hombre magnífico. Mi ex sigue solo y con dos divorcios bajo la puerta. Eso es todo lo que se de él.

Ojalá no siga siendo la misma persona horrible que fue conmigo, aunque a decir verdad: los psicópatas nunca cambian.

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