Sufrí de acoso sexual a los 13 años, cuando caminaba hacia el colegio para cursar. Era el mismo camino de siempre. Justo a dos cuadras de mi casa, me paró un hombre que venía en bicicleta y me arrinconó contra la pared con la excusa de hacerme una pregunta. Cuando menos lo esperé, me tocó una teta. En ese mismo instante salí corriendo, con el corazón a punto de explotar mis tímpanos y con el rostro lleno de lágrimas. Ya a varios metros, me gritó: “mira lo que tengo para vos”.

Esa fue mi única situación de acoso y pude vivir con ello, aunque siempre con sospecha y sugestión cada vez que salgo a la calle.

Todos los días leo historias que me erizan la piel y me revuelven las tripas. Porque la violencia no es sólo cuando vemos un asesinato o una violación en televisión, es mucho más frecuente y hay mujeres que viven un verdadero infierno durante toda su vida.

Decidí escribir esto porque acabo de leer una publicación donde una chica expresaba su cansancio con el Ni una menos. Yo no viví un acoso que me impidió seguir con mi vida, pero quiero justicia y paz para todas aquellas voces que callaron a la fuerza. Quiero un mundo mejor donde yo, mi hermana, mi madre, mis tías, mis abuelas, amigas, conocidas y desconocidas, tengamos la libertad completa de ser mujeres y vivir este par de ovarios como realmente es: ¡la cosa más linda del mundo!

Las abrazo a todas a la distancia, no están solas. Estamos juntas.

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